Ratonera mortal, una vez más

Entre las frescas y estremecedoras imágenes del incendio de la discoteca Kiss, en Santa María de Río Grande, y las añejas y sobrecogedoras imágenes del incendio de la discoteca Alcalá 20, de Madrid, median treinta años en los que en otros puntos del mundo, también de España, la fiesta en lugares de baile quedó calcinada por las llamas. Las primeras instantáneas de la discoteca brasileña han rescatado de mi memoria aquellas terribles escenas de cuerpos sin vida, que yacían amontonados en una lucha desaforada por escapar de aquel incendio de ese local bautizado como la «discoteca de la movida». Ochenta y dos muertos y decenas de heridos fue el balance de aquella tragedia por la que no se pidieron dimisiones políticas, pese a las irregularidades de seguridad que presentaba el local, y cuya causa judicial se saldó con indemnizaciones millonarias a costa del Ayuntamiento. En el calendario de las grandes tragedias de Madrid, la fecha del 17 de diciembre de 1983 quedó marcada a sangre y fuego, como queda grabada ahora la del 27 de enero de 2013, al otro lado del océano. Imágenes dantescas que nos han rescatado de la memoria otras que nos duelen más cercanas, y en ambos casos, la sensación de que quizá podría haberse evitado.