Sin policía ni Ejército

La Razón
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En el Festival de la Infancia de Barcelona, por primera vez después de décadas, no habrá presencia ni del Ejército ni de ningún cuerpo policial. En el pasado mes de marzo la alcaldesa Colau, en el Salón de la Enseñanza de Barcelona, espetó a dos militares que se acercaron a saludarla: «Nosotros preferimos como Ayuntamiento que no haya presencia militar en el Salón». El Ayuntamiento de Barcelona y el Parlamento de Cataluña han aprobado declaraciones y mociones para apartar al ejército de los eventos educativos y de los infantiles. Afortunadamente, parece que no van a lograrlo en la próxima edición del Salón de la Enseñanza, y las Fuerzas Armadas mantendrán su presencia porque además son una buena salida laboral y formativa para los estudiantes. Pero sí conseguirán que no se repitan las imágenes de niños con policías en diferentes actividades del Festival de la Infancia, que les generaban cercanía y confianza.

Puede parecer un asunto de poca trascendencia, cuando hay tantas situaciones graves que tenemos que abordar, pero si hablamos de educación y de niños todo tiene importancia y no debemos mirar para otro lado. Es muy curioso que con la animadversión y la fobia que tienen muchos radicales a los uniformes, Pablo Iglesias exigiera a Pedro Sánchez los ministerios de Defensa y de Interior en aquel reparto que hizo de la piel del oso antes de cazarlo. Pero mucho más que las contradicciones de los extremistas debe importarnos que intenten llevar a los más pequeños a una distancia, cuando no a algo peor, con las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad y con el Ejército.

Los padres enseñan a sus hijos a distinguir las cosas buenas de las malas. Los extremistas, por lo que estamos viendo, no quieren que los niños sepan que los que les defienden, los que se sacrifican por ellos, los que ponen en riesgo su vida para proteger la suya son los buenos. A los políticos sectarios no les gusta el Festival de la Infancia, el suyo es el Festival de la Infamia, donde dan vergonzosas lecciones apoyando a los que insultan y agreden a la policía, como hemos visto en muchas ocasiones, por ejemplo en el barrio de Gracia, o presionando a un médico para que cambie su informe buscando responsabilizar a los policías de lesiones que no causaron.

Si se habla de enseñanza es bueno que los niños sepan que cuando se producen agresiones a los menores, algunas tan horribles como las del pederasta de Ciudad Lineal, es la policía la que no descansa en sus investigaciones hasta detener al autor y ponerle a disposición de la justicia. Es bueno que sepan los niños que en muchos accidentes ocurridos a jóvenes en la montaña, en la nieve, en el mar o en sitios de difícil acceso han sido guardias civiles los que han arriesgado su integridad física para poner a salvo a los heridos. Los niños deben saber que en los grandes incendios, inundaciones o en otros desastres naturales estará la Unidad Militar de Emergencias de las Fuerzas Armadas trabajando con otras instituciones para socorrerles.

En fin, los niños deben saber que en los Estados democráticos como España, el ejército y la policía les ayudan y les protegen velando por su seguridad y su libertad, y por la de todos los ciudadanos. Algunos adultos, que lo saben muy bien, deberían dejar de hacer política rastrera para no seguir perjudicando la educación de los niños.