Somos socialistas: la rebelión populista en el PSOE

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Se dice que el aparato del PSOE anda inquieto ante la vuelta de Pedro Sánchez. La hipótesis no es descabellada. Primero, por la tendencia de buena parte del electorado, en particular del electorado tradicional de izquierdas, a respaldar opciones populistas y anti establishment, como ha ocurrido en Gran Bretaña, en Francia y en Italia, entre otros muchos países. La política emocional, ha reconocido algún barón, resulta más atractiva que el ejercicio de la racionalidad.

El documento presentado por Sánchez y el sanchismo estos días en Madrid, titulado «Somos socialistas», no habrá contribuido a calmar los ánimos. Ha recibido fuertes críticas, en particular por las propuestas programáticas que incluye, desde el «Impuesto Negativo» a la restauración de la banca pública, pasando por la renta universal básica y las tentaciones proteccionistas.

Tan importante como eso, sin embargo, es el análisis entre histórico e ideológico que realiza el documento. De él se deduce el dilema ante el cual, siempre según «Somos socialistas», se encuentra hoy el PSOE. El texto parte de un elogio de la socialdemocracia y del «consenso keynesiano» que esta promovió en los años de posguerra. Este consenso se quebró –no se dice cómo por qué– en la década de los ochenta, aunque sí se precisa que en esos mismos años el PSOE levantó el Estado de bienestar en nuestro país. España no quedó inmune ante la ofensiva del neoliberalismo y la globalización. Estos dieron lugar a un nuevo capitalismo, más beligerante, codicioso y descarnado. La socialdemocracia, que tan brillante papel había cumplido hasta entonces, no supo contrarrestar la ola neomanchesteriana. El fracaso se ha perpetuado hasta hoy. Ha llegado el momento de tomar nota de lo ocurrido y renovar a fondo la antigua y venerable, digámoslo así, socialdemocracia.

Esta renovación, tan profunda, no afecta sin embargo a la hiperlegitimidad de la izquierda. Como siempre, sólo la izquierda puede alzarse con la bandera de la justicia y, en el fondo, de la democracia. Se renueva, en cambio, el panorama interno del PSOE porque la posición de la gestora que dirige el PSOE desde la expulsión de Sánchez ha colocado a los socialistas del mismo lado que el PP. La visceral posición anti PP que ha constituido desde siempre la retórica socialista pasa a ser, después del célebre «No es no», la base del ataque contra el propio aparato del partido.

Al mismo tiempo, el documento constata que la quiebra de la socialdemocracia ha traído la aparición de nuevas fuerzas políticas de izquierdas: Podemos. El nuevo PSOE de Sánchez los considera sus aliados naturales y los convoca a un frente común. Para esto es básica la afirmación de que el federalismo socialista requiere el reconocimiento de la plurinacionalidad de España, una tradición que se afirma ahora con una claridad nueva, pero que no es ajena al PSOE ni a la izquierda de nuestro país, para los que la idea de España como nación ha sido siempre un concepto inasimilable. La España postnacional de Rodríguez Zapatero alcanza así una nueva formulación, más nítida y perfilada, aunque radicalmente paradójica. ¿Qué es del populismo sin al menos un rastro de perfume nacionalista?

Todo culmina con una larga serie de propuestas entre lo utópico (reforma de la Constitución, democratización de la economía) y lo aparentemente moderado (europeísmo, control del déficit). Lo de menos es eso, sin embargo. Lo que cuenta es la rebelión populista que Pedro Sánchez y su nuevo socialismo quiere abanderar en nuestro país. Tal vez un poco tarde, pero los tiempos socialistas siempre han sido muy particulares.