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Terror territorial

Tiempo de lectura 2 min.

07 de junio de 2017. 22:19h

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Martín Prieto 7/6/2017

El presidente de Cantabria, otro populista televisivo, dictamina que el terrorismo yihadista que sufre Europa tiene su origen en la foto de Las Azores. O en la invasión soviética de Afganistán o, retrocediendo en el tiempo, en el wahabismo nacido en la península arábiga en el siglo XVII entre fanáticos sunníes, o en las Cruzadas. Son ya demasiados los políticos españoles que en vez de leer y reflexionar eructan titulares de periódicos. El ataque de comandos, los golpes de mano, las incursiones en la retaguardia enemiga, son en el arte de la guerra tácticas más viejas que SunTzu, y el terrorismo multiplicado en Europa por el Califato se corresponde con los lentos descalabros de los yihadistas en el endiablado teatro de operaciones de Siria-Irak. Clausewitz, otro clásico, estableció que el objetivo de la guerra no era la destrucción de los ejércitos adversarios, sino arrebatarles su voluntad de seguir luchando. La última carta del Califato es la de convencer a Occidente, a los cristianos, a los europeos de que somos los responsables de su desesperación. Terrorismo globalizado a cambio de territorios perdidos. El Califato, hoy regido por Abu Bark al Baghdadi (muerto, gravemente herido o ileso), supone un salto cualitativo sobre Al Queda: la creación del séptimo califato sobre una geografía real; un Estado islámico regido por la sharia, que contrabandea petróleo y piezas arqueológicas, expropia Bancos, cobra impuestos, reparte remedos de asistencia social y hasta comercia con órganos humanos. Un Califato panislamista con ambición universal para musulmanes sunníes e infieles. Por eso en la guerra subrogada entre intereses estadounidenses, europeos y rusos, el metro cuadrado de Califato se vende a precio de sangre. La cartografía militar refleja que, principalmente, el Ejército iraquí y las milicias kurdas, con apoyo aéreo y logístico occidental y ruso, están dejando en hilachas o reductos aislados al Estado islamista, que replica bárbaramente en Europa. Cuando infantería árabe- musulmana ocupe la última trinchera yihadista será el comienzo del fin, que se alargará en el tiempo porque hará falta que El Assad regrese a su clínica oftalmológica de Londres o abra una óptica en Moscú, que los sirios en armas conciten un Gobierno provisional y que Irak se constituya en República federal de sunníes, chiíes y kurdos. Esta guerra se está ganando en Siria y Mesopotamia. Europa es una terrible operación secundaria.

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