The Washington Generals

Los cristianos a los que devoraban los leones en el Coliseo o las brujas que el Santo Oficio tostaba en la Plaza de San Francisco, donde hoy se yergue el Ayuntamiento de Sevilla, afrontaban su último paseo con más esperanzas de salir incólumes que los visitantes al Santiago Bernabéu (vale decir al Nou Camp) en esta Liga de los desequilibrios. Está descontada la derrota y el suspense consiste en saber cuánta sangre infiel derramarán los héroes para solaz de un público plurinacional que no acude al estadio ¡¡al coliseo!! en busca de un partido de fútbol, sino para contemplar el ejercicio circense de unos virtuosos del balón. Los Harlem Globetrotters solían contratar a una comparsa para darles la réplica en sus actuaciones, los Washington Generals. Según wikipedia, les ganaron tres veces en 12.596 partidos. Hacia eso nos encaminamos. El ejemplo taurino es también pertinente porque cuando Real Madrid y Barcelona juegan como local nadie espera una competición entre iguales, sino que hay programado un espectáculo con un guión perfectamente planificado al término del cual un actor saldrá en triunfo y el otro, camino del desolladero. El papel de unos es depararle al respetable estéticas piruetas mientras que el enemigo debe oponer resistencia fiera, pero sobre todo noble, una honesta oposición que no ponga en riesgo la integridad física de los artistas. Como hizo el Betis de Mel: permitió el lucimiento, puso su punto de suspense, perdió el partido, fue ovacionado en el arrastre y se granjeó las caricias verbales de la crítica, muy sensible a su educada sumisión. Fueron unos toritos corretones de Domecq cuando el hincha lo que quiere es que salga al campo como un Miura encabronado.