Triunfo derrotado

La Razón
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Cuando era el jefe de la Oposición, los andares de Rajoy eran normales. Desde que gobierna, Rajoy alza mucho los brazos, pero sin marcialidad. Es como un legionario deslavazado, si es que puede existir un legionario de esas características. Y cuanto más mete la pata, más sube los brazos, quizá para compensar. Influído por Arenas y Arriola se inventó un candidato para Andalucía. Juanma Moreno, que ha protagonizado una excelente campaña electoral y cosechado un paupérrimo resultado. Diecisiete escaños menos. No obstante, semejante batacazo será bueno comparado con el que sufrirá el Partido Popular en Cataluña en unos pocos meses. Rajoy ha gestionado su mayoría absoluta con una brillante política macroeconómica y una necia política social. El electorado quiere saber a quién vota, y el PP ha confundido a muchos de sus incondicionales. Humilló a los héroes vascos, como María San Gil y Jaime Mayor Oreja. Despreció a José Antonio Ortega Lara, que también se equivocó integrándose en Vox, que es una filfa mal llevada. Eligió mal a sus candidatos y cumplió con Europa holgadamente. Pero en España no votan los belgas, ingleses y alemanes. A Rajoy le ha derrotado su triunfo y su prepotencia. Su ministro de Hacienda ha saqueado a los contribuyentes con premeditación y alevosía. De Guindos ha sido un gran ministro, pero la grandeza de un ministro de Economía no concede votos. Se ha visto lo poco que importa a los votantes la corrupción. Los ERE andaluces –6.000 millones de euros–, han conseguido 47 escaños. Se ha castigado más a Gürtel y Bárcenas, cuyos cabecillas, Correa y el susodicho, son en realidad los fundadores de Podemos. La derecha corrupta es más antipática que la izquierda corrompida, porque además de trincar, chulea al personal. Podemos se ha implantado en el Parlamento andaluz con quince escaños, pero intuyo que no han quedado satisfechos. Esperaban más contando con el hundimiento de Izquierda Unida. Ciudadanos ha obtenido un gran resultado, y la gran vencedora ha sido Susana Díaz, que le ha puesto a Pedro Sánchez los dídimos de corbata. «Moreno vence a Díaz en los debates». Se ha visto.

Desaparece el Partido Andalucista, y no obtiene ni un escaño la UPyD de doña Rosa, invento que se desinfla. Doña Rosa es muy soberbia y no admite otro timonel a bordo de su frágil embarcación. Puso rumbo a Andalucía y sus tripulantes se preguntaban cómo Andalucía podía quedar tan lejos. –Vamos bien–, decía doña Rosa. Al fin colisionaron con la costa. Mucho frío. Era la costa sur de Islandia. Si UPyD no desea seguir siendo una poquita cosa tiene que cambiar de timonel.

Pero hay que volver al gran derrotado, el Partido Popular. Se mantiene, con gran ventaja, como segunda fuerza en Andalucía. Hasta el domingo, era la primera. Pudo elegir a Esperanza Oña como candidata, pero Esperanza Oña ha demostrado durante décadas en el Ayuntamiento de Fuengirola que los tiene muy buen puestos, y al legionario deslavazado ese detalle le asusta. Y se inventaron a Juanma, una gran persona, un nieto de jornalero nacido en Barcelona, un candidato simpático y sincero con muy escasa experiencia. El gran problema de Rajoy es similar al de Aznar. No conoce a las personas y deposita su confianza en las menos adecuadas. Y no conoce a las personas porque no tiene interés alguno en conocerlas. Confía desmesuradamente en el arúspice matrimoniado con Celia Villalobos, desdicha del Partido Popular. O puñetazo en la mesa o a poner el trasero en pompa.

Andalucía ha hablado. Y para el PP ha hablado muy mal. Susana Díaz ha arrasado a pesar de los ERE. Y el PP se ha desmoronado por la suficiencia y soberbia del triunfo derrotado.