Un centro-derecha para Iberoamérica

La sede presidencial boliviana se llama «Palacio Quemado», nominación obvia para un país que ha vivido menos en democracia que bajo dictaduras o turbamultas. Una multitud de mineros indignados entraron en La Paz, arrastraron al Presidente, general Villarroel, por las escaleras y le ahorcaron en la primera farola a la izquierda a cuyo pie hay una plaquita conmemorativa. Y eso que Villarroel era un reformista. El peronismo, tan influyente en el actual socialismo español, ni siquiera es un partido político: es un movimiento nacional interclasista con sindicatos propios, tal como el franquista. El escrache es muy anterior al acoso a los colaboracionistas con las Juntas Militares y comenzó con Perón en la Casa Rosada descargando camiones de pescado podrido en la puerta del exclusivo «Jockey Club» y asaltando los periódicos opositores. El peronismo asfixió a las derechas y tanto el comunismo como el socialismo quedaron en grupúsculos testimoniales. Hoy Nicolás Maduro «Pajarito» ganará las elecciones venezolanas incluso sin necesidad de pucherazo porque el izquierdismo analfabeto es todavía imbatible y se encuentra apuntalado por un fervor nacional-socialista que ya hubiera querido para sí Hitler. Henrique Capriles, judío, católico y sin novia, es joven para armar un centro-derecha que organice un país muy rico desmayado en el chavismo bolivariano y un socialismo del siglo XXI que nadie sabe lo que es. La APRA ( Alianza Popular Revolucionaria Americana) del peruano Víctor Raúl Haya de la Torre se extinguió por pretender sustituir el marxismo por el comunismo agrario del sovietismo del incanato. Las derechas «Latinoamericanas» sólo tuvieron éxito en la República Oriental del Uruguay durante los años treinta del siglo pasado de Jorge Batlle y su «Suiza de América». El empeño de José María Aznar y el PP por propiciar una derecha civilizada en el subcontinente será ciclópeo pero no debe retrasarse, máxime teniendo en cuenta que la Internacional Socialista se ha rendido ante el gregarismo político, y hasta lo quiere copiar.