Política

Una «ceremonia exprés» y con sentido del humor

Está más que acreditado que el Rey no pierde el sentido del humor ante la adversidad. Él cumple al cien por cien con ese refrán español que reza aquello tan conocido como es «al mal tiempo, buena cara». Lo ha demostrado a lo largo de sus setenta y cinco años de vida. Por muy duras que sean las circunstancias que tenga que afrontar, y tener que pasar por el quirófano por octava vez en el plazo de dos años y medio, Don Juan Carlos mantiene el tipo de forma admirable y le quedan ganas y fuerza para hacer comentarios de carácter irónico acerca de su propio estado de salud.

Si primero fue capaz de despedirse de los periodistas después de una audiencia invitándoles a asistir a su operación –«si queréis podéis venir de mecánicos», les dijo– ayer recordó a los representantes de los medios que asistieron a la presentación de credenciales que era la primera vez que veía a tantos informadores en ese acto que, habitualmente, no reúne más que a cuatro o cinco periodistas y gráficos.

Fuera de bromas, lo que sí ha demostrado una vez más Don Juan Carlos es su sentido del deber y su responsabilidad. El acto de presentación de credenciales por parte de los embajadores extranjeros requiere un protocolo un tanto especial que se había ido aplazando en los últimos meses debido al proceso de rehabilitación del Monarca después de la intervención en la columna. Al tener conocimiento de que debía operarse de nuevo y saber que había una larga lista de 16 diplomáticos en espera para entregar sus credenciales al Jefe del Estado, los responsables de la Casa del Rey buscaron una fórmula abreviada para cumplir con ese requisito imprescindible para ejercer a todos los efectos de representante de su país en España. Así, el Monarca recibió las cartas credenciales de los embajadores de Líbano, Macedonia, Nueva Zelanda, Portugal, Gambia, Guinea, Guinea Ecuatorial, Irak, Suiza, Polonia, Luxemburgo, Vietnam, Finlandia, Qatar, Estados Unidos y Malta, en La Zarzuela, en vez de en el Palacio Real, y en menos tiempo del habitual.

A pesar de que por dentro de la cabeza del Rey seguro que algo de preocupación habría, él no quiso dejar de lado su presencia de ánimo e hizo gala una vez más de que lo mejor es conservar la calma y ofrecer una imagen de optimismo y aceptación tranquila de las circunstancias. Nada más terminar el acto en el Palacio de La Zarzuela, el coche oficial del Rey puso rumbo al centro donde iba a ser intervenido por un equipo de doctores que actuaron bajo la dirección del doctor Miguel Cabanela.