Una isla

Europa podría convertirse en una isla en la que reine el desánimo y habite la desolación. La profunda crisis económica que atraviesa buena parte del continente no parece que vaya a desaparecer en poco tiempo y nada apunta, de modo definitivo, hacia la estabilización de la zona euro. El mejor proyecto que han tenido los estados europeos en toda su historia, la Unión Europea, se debilita y se tambalea. Las dificultades económicas que vivimos traen aparejados el rechazo y la crítica a las instituciones comunes y a los liderazgos. Nada ni nadie se libra de los desequilibrios económicos que padece la Unión Europea. Lo que está aconteciendo en Chipre tiene mayor relevancia de la que cabía esperar. Las medidas que se están adoptando para atajar el colapso en la economía chipriota demuestran la capacidad o incapacidad de la Unión para hacer frente a crisis de esta índole. Hay que buscar una solución a los problemas de Chipre con criterios europeos. Los sucesos de los últimos días en la isla mediterránea revelan tres aspectos que nos acompañarán durante algún tiempo. Primero, la Unión Europea no dispone de un liderazgo claro y, menos aún, de políticos capaces de relanzar este proceso de integración tan exitoso. La «clase» política europea permanece adormecida y carente del empuje que precisan situaciones urgentes como las que están aconteciendo en Europa. Lo peor es que no es fácil, ahora, contar con otra generación y sólo un milagro permitiría contar con líderes que llevasen hacia adelante a la Unión Europea. Segundo, se propaga, cada vez más, el sentimiento antialemán y cuando la crisis golpea con fuerza a algún Estado de la Unión se mira con recelo a las políticas que proponen o imponen los alemanes. El Gobierno de Berlín debería contar con este sentimiento que no tiene, por ahora, consecuencias económicas ni políticas, pero que, con el tiempo, perjudicaría también el futuro de Alemania. Por último, el desapego con la Unión Europea cada vez es mayor y comienza a desaparecer el orgullo por contar con una moneda única. La Unión Europea está en entredicho y se observan tendencias hacia la defensa, a ultranza, de los estados. El nacionalismo nunca fue ni ha sido bueno para Europa y menos aún para sus ciudadanos. Europa es un continente que mantiene estrechos lazos en la escena internacional. O se tiene la fuerza política para detener los sentimientos en contra de una Europa unida o retrocederemos mucho en los avances políticos y económicos y en el bienestar.