Restringido

Una panda de panolis

La Razón
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Quiero aprovechar este púlpito para enviarle un mensaje urgente al señor Méndez de Vigo, ministro de Cultura. A él y a quienes tienen mano en la concesión de premios, becas, galardones, subvenciones, ayudas oficiales, asesorías, condecoraciones y homenajes. A la vista de cómo funcionan las cosas en este país, deseo dejar claro que soy del 84% que, según el CIS, no empuñaría un fusil para defender a España, aunque los fanáticos islámicos desembarcasen en Benidorm.

Soy de los que se llevaron este domingo un berrinche al ver que Gasol las encestaba todas y la Selección española de baloncesto se coronaba tricampeona de Europa.

Promuevo con ahínco la ocupación de pisos y la propiedad me parece un robo, a pesar de que –al igual que el Gran Wyoming– dispongo de un modesto patrimonio con 19 inmuebles.

Soy de los convencidos de que si no vuelves a casa con un ojo morado, apestando a ginebra barata y con el culo como la bandera del Japón, eres un anormal. Y como Carlos Boyero, todo en RTVE me parece una mierda sin paliativos.

Ando con cara de estreñido desde que me levanto hasta que me acuesto y defiendo con ardor que todas las «culturas» son respetables, hasta las que equiparan a la mujer con el asno. Como algún presentador de postín, de los que cobran millones al año, sostengo que las desigualdades salariales en las empresas del Ibex 35 son una aberración insufrible. No es que me parezca una pena que los españoles ganasen la Guerra de la Independencia, como le pasa a Fernando Trueba. Voy más allá y en sintonía con nuestra «gauche caviar», considero a Pizarro un facineroso, a Cortes un rufián, a Don Pelayo un bellaco, al Gran Capitán un infame y a Isabel la Católica una lela.

Me importa un comino lo que Trueba –cuyas soporíferas películas han recibido del Estado español cuatro millones de euros en subvenciones a lo largo de los pasados 25 años– se sienta o deje de sentir. Lo de ser español, al menos hasta ahora, es una condición jurídica y Trueba, como el futbolista Piqué, es español independientemente de los sentimientos que albergue.

Pero ministro Méndez de Vigo, si la condición para que los panolis que mandan me den ese trofeo nacional adosado a una sustanciosa gratificación pecuniaria con el que sueño desde hace cinco décadas es decir que no me he sentido español ni cinco minutos, lo digo.