Vidas robadas

La muerte de la religiosa imputada en varios de los espeluznantes casos de bebés robados ha hecho que nos sintamos más cerca que nunca de aquellos que han sufrido alguna injusticia. Quizás la desaparecida sor María fue imputada injustamente, tampoco sabremos si sus intenciones iban encaminadas a alcanzar ese «mal menor» que tantas almas persiguen durante toda su vida dedicándosela a los demás... Probablemente nunca sepamos la verdad acerca de los culpables de una confabulación que nos sobrecoge a todos. Lo que sí está claro es que, aunque tarde, tiene que haber justicia para las víctimas de los escalofriantes supuestos casos de robos de recién nacidos, ya que, por muchos años que pasen, de una forma u otra, el que ha hecho algo tan terrorífico como es robar lo único importante, la vida, tiene que pagarlo. Sorprende que algo sumamente grave y maquiavélico haya podido permanecer silenciado durante tantos años. Y que aún hoy, que existen tantos indicios que demuestran todas esas vidas robadas, siga siendo un tema tabú. Es asombroso. Desde esos primeros y mágicos nueve meses de gestación, uno descubre que nada hay tan maravilloso como dar vida. Después sentir a tu bebé, ese olor a vida... inexplicable e imborrable... como lo debe ser, pero en sentido opuesto, saber que te han privado intencionadamente de ello. Cierto que muchos jamás tendremos justicia, porque nadie pagará por el daño que recibimos el día que nuestras vidas quedaron marcadas, pero que, al menos, estas injusticias aviven esa solidaridad que siempre ha demostrado España y que nos da fuerzas para continuar.