Yo, Leonor

Se lo he dicho mientras, subida a una de sus rodillas, me limpiaba en sus pantalones la tarta que se me había quedado entrededera. Es que ayer fue su cumple y mi hermana patatoide y servidora le cantamos y sacamos velas hasta estar hasta las narices de cantar y de sacar velas, que es que hasta cuarenta y seis me cuesta contar sin bostezar. Bueno, pues le pusimos una foto del tito Carlos de Inglaterra para que sepa que esperar también puede ser guay y le regalamos un avión pequeño con un mando para que juegue en su despacho. «Hijo mío, a ver si te vas a estozonar por esos mundos sin reinar» le he puesto en la tarjeta. Ea, pues a Doña Altibajos, para variar, no le ha gustado y ha torcido el morro. Y ya estamos con el drama. Que ni siquiera en un día especial para tu padre sabes cerrar el pozo, que si te estás pasando cinco pueblos, que si lo único que te falta es decirle que está más gordo. Ya se lo había dicho. «Te he visto en la tele con los paracas esta mañana y tienes guisante». Total, que Altibajos me amenazó con que, o silencio de consulta médica, o la semana blanca la iba a pasar en un internado británico desayunando madalenas duras. Un sinvivir, hijos míos. Aquí hay que estar sordomuda. Lo que pasa es que, antes del beso de buenas noches, no me pude sujetar. «Padre, el día de la rampa, ¿por qué no te tapas hasta la cabeza y te quedas acostao hasta las mil? Las chicas hacemos mucho eso cuando queremos estar malas pero sin fiebre». ¿Inglaterra es bonita? ¿Me llevo paraguas?