Alierta deja una compañía líder, lista para el gran reto digital

La Razón
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La renuncia de César Alierta, por decisión propia, a seguir desempeñando la presidencia ejecutiva de Telefónica ha sido recibida por los mercados con absoluta normalidad, conscientes de que nos hallamos ante la noticia de un relevo natural y ordenado en la cúpula de una de las mayores multinacionales españolas y un gigante mundial en el campo de las telecomunicaciones. Es, sin duda, el mejor reflejo de la labor cumplida por este empresario aragonés, licenciado en Derecho, pero economista de sólida formación –máster en la Universidad de Columbia, académico de Número de la Real Academia de Ciencias Económicas y Financieras de España–, dotado, además, de una envidiable visión de conjunto sobre el devenir de los grandes procesos económicos en el escenario de la postglobalización. Porque Alierta no ha ejercido sólo como presidente ejecutivo de Telefónica, sino que ha sido a lo largo de toda su carrera un precursor, a veces a contracorriente, de la internacionalización de las empresas españolas y de la transformación de nuestro tejido empresarial hacia firmas más grandes y capaces de competir en igualdad de condiciones con las extranjeras. Su apuesta por romper los corsés de las economías nacionales, por romper las fronteras, ya fuera buscando alianzas estratégicas allí donde eran convenientes u operando directamente sobre la oferta bursátil –un mundo, el de los mercados financieros, en el que siempre ha sido un experto, no en vano ocupó un puesto en el consejo de administración de la Bolsa de Madrid–, le llevó a la creación de Altadis, fruto de la fusión de la española Tabacalera, que él presidía, y la francesa Seita. En la misma línea, César Alierta es uno de esos empresarios cuya enorme proyección internacional nunca ha sido óbice para involucrarse en los problemas y en los desafíos de su país. Por supuesto, sin inmiscuirse en la labor política, pero sin eludir la responsabilidad que atañe a quienes ocupan puestos de responsabilidad y liderazgo en la sociedad. Prueba de ello es la proyección social de Telefónica en España, pero, también, que en plena crisis, con el crédito exterior español en sus peores momentos y arreciando las voces que reclamaban la aceptación del rescate europeo de nuestra economía, Alierta hiciera su parte en el esfuerzo general de la nación y que bajo su empuje se creara el Consejo Empresarial para la Competitividad (CEC), –que presidió–, una entidad constituida por 15 grandes empresas españolas y el Instituto de Empresa Familiar para aportar propuestas de mejora de la competitividad, ayudar a la recuperación económica y fortalecer la confianza internacional en España. César Alierta pasa el relevo a su sucesor – José María Álvarez Pallete, actual consejero delegado y con más de 17 años de experiencia en la compañía– de la dirección de una multinacional cuyos ingresos superan los 47.000 millones de euros anuales, con presencia en 21 países, líder del sector en Brasil, España, Alemania e Hispanoamérica; con 125.000 empleados y más de 320 millones de clientes. Una historia de éxito que tiene que continuar frente a los grandes desafíos de la digitalización y la incorporación, ya iniciada, al mundo de los contenidos digitales que, hoy, están en manos de los grandes nombres de internet. Un reto mayor para el que César Alierta ha dejado a Telefónica cumplidamente preparada.