España necesita un PP fuerte

El panorama político actual, con un Gobierno condicionado en todas y cada una de sus decisiones, por menores que sean, por su debilidad parlamentaria y la necesidad de contar con los apoyos de unas formaciones nacionalistas que, en el caso de ERC y el PDeCAT, se encuentran en franca rebeldía contra el Estado, demuestra la necesidad de un centro derecha español fuerte, comprometido con los valores de la Constitución y enmarcado en la Europa de las libertades y de los principios del humanismo cristiano. Sin duda, corresponde al Partido Popular jugar ese papel y demostrar, desde la centralidad, que es posible un modelo de gestión pública, inclusivo, que no actúe a golpe de encuestas y, sobre todo, que no se deje cegar por la humareda de unas minorías ruidosas y volcadas en sí mismas, incluso sectarias, incapaces de abordar los problemas desde una concepción general de la sociedad. Hoy, los militantes populares están llamados por primera vez a elegir libremente en las urnas a los dos candidatos a dirigir la formación que pasarán a segunda vuelta y, al mismo tiempo, a quiénes serán los compromisarios de las distintas agrupaciones que tendrán la última palabra en la elección final. Podrán aducirse críticas al procedimiento, pero, lo cierto, es que nos hallamos ante un proceso muy abierto y sin interferencias decisivas, al menos en lo que conocemos, de la infraestructura del partido, lo que ha dado como resultado la multiplicidad de candidaturas. Como en todos los procesos electorales internos, que, por definición, no contraponen principios ideológicos compartidos, han sido inevitables los choques personales entre candidatos y, también, la habitual exacerbación de las diferencias por parte de espectadores ajenos, más interesados en el desgaste del adversario que en su renovación. También se han puesto de manifiesto, los diferentes acentos políticos de una formación de amplio espectro, cuyos votantes se identifican mayoritariamente como liberal-conservadores, pero alejados del pensamiento único. Precisamente, esa multiplicidad de candidaturas a la que nos referíamos demuestra que nos encontramos con un partido político vivo y diverso, muy alejado de la caricatura inmovilista y monolítica con que le dibuja la izquierda y los nacionalistas. Una formación que, además, dispone entre sus filas de cuadros de alto nivel, capaces de plantear propuestas de renovación desde la experiencia política y el compromiso de larga data con el partido. Por ello, los militantes populares tienen la oportunidad de llevar a cabo ese proyecto renovador que el interés de la nación reclama y que debe devolver al Partido Popular la confianza de la mayoría de los ciudadanos. Quienes hayan asistido desapasionadamente al espectáculo de la renovación de RTVE, a las prisas por imponer desde la minoría decisiones que, como la aprobación de la eutanasia o la exhumación de los restos de Francisco Franco, sólo responden a la pulsión partidista o al mero tacticismo electoral; quienes hayan reparado en el amiguismo que destilan algunos nombramientos gubernamentales; quienes vean con preocupación las cesiones selectivas y de carácter político en el ámbito penitenciario, y quienes, por fin, con unos conocimientos generales de economía, estén alarmados ante la amenaza de un recrudecimiento impositivo que actuará como lastre de la productividad y de la creación de empleo estarán de acuerdo con lo que decimos. Con que es preciso que del proceso de primarias, que concluye el próximo 21 de julio, debe surgir un buen candidato, no sólo capaz de hacer una oposición sólida al actual Gobierno, sino de enfrentarse con éxito a los retos electorales más inmediatos. Y para ello, la unidad y el espíritu de colaboración leal de todos los militantes será fundamental.