Editoriales

Gobernar para todos los madrileños

Isabel Díaz Ayuso, de 40 años de edad, ha sido elegida presidenta de la Comunidad de Madrid. Es la octava que ocupa el cargo, séptima miembro del Partido Popular y la tercera mujer. Su llegada a la Casa de Correos se produce en un momento político especial: la situación política nacional está bloqueada porque el candidato socialista Pedro Sánchez no consigue los votos suficientes, ni siquiera de los que él había denominado «socio principal». Por contra, el PP ha sabido encarrilar todos los gobiernos autonómicos en los que ha sumado junto a Cs y el apoyo externo de Vox: Castilla y León y Murcia –además de Galicia, donde todavía puede gobernar en solitario–, tomando como ejemplo previo Andalucía. Se ha ensayado un tipo de acuerdo dentro del amplio espectro del centroderecha, que sólo sabremos de su éxito cuando se rinda cuenta de la aplicación del programa. Esperemos que Díaz Ayuso pueda hacerlo, aunque encontrará todos los impedimentos. El más evidente y lógico vendrá de la oposición de izquierdas, algo de lo que la propia presidenta advirtió ayer en su última intervención en la Asamblea antes de la votación: «Sé que me hará pagar a lo largo de los meses ser presidenta de la Comunidad de Madrid», dio en su réplica al portavoz socialista Ángel Gabilondo. «Es el precio que tengo que pagar por haber logrado reunir los apoyos y no usted», añadió. Sería una mala estrategia del PSOE embarcarse en la creación de comisiones de investigación por el crédito a su familia de Avalmadrid para dañar a la presidenta en vez hacerlo con una oposición leal, como la que el propio Gabilondo ha anunciado. Es lógico que los socialistas no hayan encajado no retener el poder de la izquierda en Madrid, por lo que nos tememos que intentará desligitimar por todos los medios el pacto con que la han estigmatizado: un acuerdo con la extremaderecha. Será inútil porque, a la larga, lo que cuenta son los logros del Gobierno. Mención aparte merece la primera intervención de Íñigo Errejón como diputado autonómico, queriendo focalizar su estreno con un mensaje duro contra la candidata, desabrido y con resabios intelectuales que sonaron impostados y, sobre todo, soberbio, pensado más para el relanzamiento de su último proyecto político que en su tarea de oposición, algo a lo que también renunció en su paso por el Congreso. «Hoy se consuma una investidura un poco vergonzante», dijo el líder de Más Madrid, queriendo afear el acuerdo del PP con Cs y Vox. Díaz Ayuso no desaprovechó la ocasión de presentar a Errejón como «el personaje más traidor de la política española» y recordó sus vínculos con el régimen chavista, del que ha sido asesor. «Tiene las manos manchadas de dictadura», le espetó. A pesar de que la nueva presidenta de la Comunidad presentó un programa claro en materia fiscal, el tema no mereció la atención de la oposición, más allá de lo que dijo Gabilondo: «Bajar impuestos es un error». Por contra, ocupó mucho más tiempo un choque ideológico al que el PP no renunció, achacando a la izquierda que no tiene la legitimidad de la justicia social y del discurso contra la desigualdad de género y la violencia contra las mujeres. La izquierda ha perdido la oportunidad de explicar qué puntos del acuerdo de gobierno entre PP, Cs y Vox no le gusta, pero han optado por las generalidades y la insistencia en presentar una comunidad empobrecida. Que el gobierno que presida Díaz Ayuso sea sólido y tenga la voluntad de durar los cuatro años está en manos de sus socios, de no erigirse en oposición o fiscalizadores del programa, sino en una parte integrada y leal. Habría que evitar los debates esencialistas y de alta carga ideológica por estériles, que acaban siendo la herramienta para dividir la sociedad en dos frentes, que acaba siendo un terreno favorable para los experimentos de la izquierda. Es la hora de un Gobierno para todos los madrileños.

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