La hora de un verdadero empresario taurino

La Razón
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Tras la sentencia del Tribunal Constitucional del pasado 20 de octubre, que anuló la prohibición de las corridas de toros en Cataluña, aprobada por el Parlament en julio de 2010, se abrió la posibilidad de que una plaza tan señera como la Monumental volviera a abrir sus puertas. Estaba en manos del empresario taurino y propietario del coso barcelonés Pedro Balañá. Ayer, esta posibilidad se vio truncada cuando éste anunció que no volvería a organizar corridas de toros por la situación «política, jurídica y social» que vive Cataluña. Es cierto que la tauromaquia ha sufrido una verdadera persecución en la que se han mezclado dos componentes explosivos: los llamados animalistas y el nacionalismo que buscaba erradicar cualquier vestigio de cultura o tradición españolas, ocultando que hay partes de Cataluña donde los toros están muy arraigados, de manera que los «correbous» sí quedaron indultados de la prohibición. Ahora bien, si el mayor empresario taurino renuncia a abrir las taquillas de la Monumental, podemos decir que, ahora sí, los toros han muerto en Cataluña. La situación agónica que vive la fiesta necesita que todos los sectores de la familia taurina colaboren con el mismo objetivo: toreros, ganaderos y empresarios. Sin duda que Colau hará todo lo posible para impedir que vuelvan las corridas a Barcelona, pero es obligación del primer empresario taurino de la ciudad, ahora que las cosas vienen mal dadas, ponerse delante del toro.