La lucha contra el terror se hace más difícil

La Razón
La RazónLa Razón

La investigación llevada a cabo en Francia sobre las circunstancias personales del tunecino Mohamed Boulhel, autor de la matanza de Niza, demuestra la extrema dificultad a la que se enfrentan los responsables de la lucha antiterrorista. En efecto, estamos ante un nuevo tipo de asesino, encarnado en individuos sensibles a los mensajes del Estado Islámico pero que no mantienen relación alguna con organizaciones de la yihad, ni con otras personas afines, ya sean de su entorno social o familiar. Como demuestra el caso de Boulhel, o el del autor de la matanza de la discoteca de Orlando (Florida), tienen problemas personales, se radicalizan rápidamente y llevan a cabo acciones extremadamente violentas sin necesidad de haber combatido, haber sido entrenados o haberse encuadrado en un grupo. Frente a este tipo de amenaza, que escapa a las habituales medidas de prevención y vigilancia de sospechosos, sólo cabe el seguimiento exhaustivo de las campañas de propaganda islamista, de sus redes de comunicación y de los servidores de las redes sociales que las alojan. Yugular en lo posible su capacidad de influencia en internet. Una labor que necesita de la colaboración sin reservas de los gobiernos, pero, también, de las grandes compañías que dominan la red.