Mas se enreda con los vídeos

Sin el menor disimulo. Sin el menor respeto democrático a las otras opciones políticas. La Generalitat catalana lanzó ayer los dos primeros vídeos informativos de la campaña institucional con vistas a las elecciones del 27 de septiembre. Sin embargo, lo que debería ser una mera campaña informativa se ha convertido en la muestra, pura y dura, de hasta dónde el Gobierno de Artur Mas está dispuesto a saltarse el más mínimo respeto democrático por el resto de los partidos políticos y utiliza los canales instituciones para hacer proselitismo de su candidato –él mismo–, y su opción política. En varios aspectos los vídeos son muy similares a la cinta de campaña que difundió con motivo del llamado «proceso participativo» del 9 de noviembre. Ambos coinciden en varias cuestiones, tanto en la estética general o la música de fondo, que es la misma, además de en la tipografía utilizada o el idéntico logotipo que aparece con una mano introduciendo un sobre en una urna. Asimismo, también son parecidas las imágenes iniciales, en las que diferentes personas marcan la fecha del 27S en un calendario, una tableta electrónica, un tablón de anuncios o con unos imanes en una pared, y que son muy similares a las que aparecían en el inicio del vídeo del 9N. A pocos ha sorprendido este descaro en utilizar los medios públicos. Al fin y al cabo, Mas lleva años sirviéndose de la televisón pública catalana para hacer propaganda de su partido y de sus supuestos logros. Tanto o más como la utiliza para criticar al resto de partidos políticos. Pese a todo, desde la Generalitat ha tenido especial cuidado en no pillarse los dedos en un asunto clave: en los vídeos presentados ayer en ningún momento se hace mención al supuesto carácter plebiscitario que desde su formación, «Juntos por el Sí», se pretende dar a unas elecciones que son, según dice el vídeo: al Parlamento de Cataluña, esto es, autonómicas. Lo rocambolesco de la presentación de estos vídeos no es el único que rechina en estas elecciones de Artur Mas, las terceras en cinco años. El presidente se presenta curiosamente en la misma lista que el líder de la oposición. Si esa lista sale elegida no está claro que Raül Romeva –el primer de la candidatura–, sea president, en detrimento del candidato que ocupa el cuarto lugar, Artur Mas. Curiosamente lo que se valorará no son los votos sino los escaños, de ahí el cómputo de 68 escaños para la independencia del president en funciones. Y ya, para acabar de liar la madeja, para proclamar «la independencia» se necesitan menos escaños que para cambiar el Estatut. La frivolidad política y social con la que Mas ha llegado al final de su huida hacia adelante no le deja demasiadas salidas: sólo cabe la dimisión. Sus fantasías soberanistas sólo han servido para quebrar la convivencia de los catalanes y hacer perder a todos un tiempo precioso en la lucha contra la crisis.