Movidos por la fe

La Razón
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El Papa Francisco llega a Río de Janeiro en el segundo viaje de su pontificado, y primero internacional, para presidir la XXVIII Jornada Mundial de la Juventud. Tras el éxito desbordante de la JMJ de Madrid con Benedicto XVI, un hito pastoral, social y cultural con pocos precedentes, la de Brasil reúne, además de sus relevantes componentes religiosos y misioneros, singularidades especiales, como que será la primera con un Santo Padre iberoamericano y que se desarrollará en el país con más católicos del mundo, Brasil, con 123 millones, el 64,6% de su población. El entusiasmo de los jóvenes por participar en la JMJ, por sentirse actores en la vida de la Iglesia, por compartir los valores de la fe, por disfrutar también de un monumental encuentro multiétnico, explican la dimensión planetaria de un acontecimiento que congregará a más de dos millones de peregrinos en la ciudad carioca.

Se habla de esta JMJ como la más misionera de todas las celebradas. Su lema, «Andad y haced discípulos a los pueblos», así lo indica. Esa labor de misión es una necesidad más acuciante en tiempos complejos para la humanidad, sometida en demasiados rincones, no sólo a la pobreza y la marginalidad, sino también a la crisis moral y al yugo relativista. En ese contexto, la Iglesia alza su voz y proclama su mensaje de esperanza y de denuncia de las injusticias y la desigualdad, y reivindica la atención a los necesitados y desfavorecidos. La JMJ es una oportunidad magnífica para insistir en unas convicciones cada día más necesarias y hacer partícipes a los jóvenes de los deberes y las exigencias de la Iglesia universal con la comunidad. Es un acto festivo, sí, porque se celebra y se conmemora lo que representa la alegría de la fe, pero es también un llamamiento a la conciencia colectiva de que un mundo mejor es siempre posible. Es una idea más oportuna y necesaria si cabe en Brasil, una economía emergente, pero una nación en la que las desigualdades y los desequilibrios son lacerantes, en la que la opulencia y la miseria conviven a pocos metros de distancia, y en el que la Iglesia se enfrenta a un trabajo extenuante contra la desesperanza.

Esta JMJ será también el primer gran acto pastoral fuera del Vaticano del Papa Francisco, cuya impronta en la vida diaria de la Iglesia ha calado en estos meses de pontificado. Su cercanía, su coraje, su personalidad, su simpatía serán motores de la Jornada en esta semana intensa de actos y encuentros. De su capacidad de conectar con los jóvenes no tenemos dudas, como tampoco de que esa sintonía enriquecerá esta JMJ. Los peregrinos tendrán cerca a un Papa que les comprenderá y les animará a participar en la sociedad, a un Papa que les escuchará y que atenderá lo que tengan que decir, y que demostrará que la Iglesia, su obra y su mensaje son hoy más imprescindibles que nunca, además de representar la gran esperanza y guía para millones de personas.