Bruselas

Rajoy recupera peso en Europa

La notable recuperación del papel de España en el seno de la Unión Europea, estrechamente ligada al golpe de timón económico que ha llevado a cabo el Gobierno de Mariano Rajoy, ha tenido su lógica correspondencia en el Congreso de los conservadores europeos celebrado en Dublín, donde el peso del Partido Popular español –la segunda formación más fuerte, tras la CDU alemana, en la bancada del PPE en Bruselas– se ha hecho sentir tanto en la elección del candidato a presidir la Comisión Europea, el luxemburgués Jean-Claude Juncker, como en las prioridades del programa con el que el centro derecha se presenta a las elecciones europeas del próximo mes de mayo. Más allá de la amable cercanía del cantante Bono, líder de la mítica banda irlandesa U2, para con España, a la que puso de ejemplo de un país cuyo esfuerzo hubiera merecido más apoyo del resto de los socios comunitarios, lo cierto es que el proceso de reformas con el que Mariano Rajoy se ha enfrentado a la crisis, demostrando el acierto de los postulados del centro derecha contra el exceso del gasto público y el «doping» financiero, ha sido uno de los puntos de referencia del Congreso dublinés. En el reverso del espejo, la deteriorada situación de la Francia de François Hollande, que apostó al principio por fórmulas socialdemócratas, y la de Italia, paralizada frente al gran desafío de sanear sus cuentas por otra de sus proverbiales crisis políticas, son los mejores avales para la liza electoral que se avecina. Una cita con las urnas a la que los ciudadanos europeos en general, pero especialmente los españoles, deberían dar mucha más importancia de lo que viene siendo habitual, aunque sólo sea porque los problemas más acuciantes a los que se enfrenta la UE son de la misma naturaleza que los desafíos que tiene España. Así, es fácil advertir la mano de Mariano Rajoy y de su equipo en Bruselas a la hora de fijar las principales propuestas del programa del Partido Popular Europeo. Tres de ellas –la defensa de la integridad territorial y unidad nacional de los países de la UE, la coordinación de las políticas de control de la inmigración irregular y el impulso de medidas destinadas a la formación y empleabilidad de los jóvenes– tienen traducción directa al español. Sin embargo, del resultado de las próximas urnas también dependen otras cuestiones fundamentales que han sido puestas de manifiesto por los líderes del centro derecha, como es la amenaza que representan para el futuro y la estabilidad europeas la multiplicación de formaciones radicales que pretenden desandar el camino de la unión. Estos «euroescépticos», un conglomerado de populismos extremos de variada naturaleza pero con un objetivo común, deben ser derrotados en las urnas, para lo que es imprescindible la participación de los ciudadanos que creen en la UE como la mejor opción de un futuro mejor para todos.