Editorial

Feijóo tiene un desafío mayor en las europeas

La amenaza del «punto y aparte» hecha por el presidente del Ejecutivo, Pedro Sánchez, puede quedar en un alarde declarativo, pero si no, Europa será la última línea de defensa de nuestro Estado de Derecho.

Alberto Núñez Feijóo se reúne con los parlamentarios de Congreso y Senado @Gonzalo Pérez Mata
Alberto Núñez Feijóo se reúne con los parlamentarios de Congreso y Senado @Gonzalo Pérez Mata Gonzalo Pérez Mata Fotógrafos

Las próximas elecciones al Parlamento Europeo, que se celebrarán en España el próximo 9 de junio, se han convertido para el Partido Popular en un desafío mayor, no sólo porque supondrán el primer fielato del sanchismo y de la supuesta mayoría social progresista que propaga la propaganda gubernamental, sino porque de no cambiar mucho la actual relación de fuerzas en el Congreso será en el ámbito de la Unión Europea donde se librará una parte importante de la batalla por la independencia del Poder Judicial y el respeto a los principios democráticos que garantizan la normal convivencia entre los ciudadanos, incluida, por supuesto, la libertad de Prensa.

De ahí, que tengamos que insistir en la importancia de que la formación que lidera Alberto Núñez Feijóo consiga trasladar a sus votantes y simpatizantesla necesidad de acudir a las urnas, en una cita que no suele despertar demasiadas pasiones. Es cierto que los populares parten en una mejor disposición que en la de los últimos comicios comunitarios, en los que la división del voto del centro derecha entre el PP y Ciudadanos pasó factura, pero es mejor no confiarse.

En este sentido, es muy positiva la integración de antiguos cargos del partido naranja en las listas del PP a la Eurocámara, donde han llevado a cabo una notable labor en la denuncia de la actuación del gobierno español con respecto a los derechos lingüísticos, la presión sobre la magistratura, el blanqueamiento de Bildu o la más que dudosa ley de Amnistía. Y, también lo es la incorporación de perfiles profesionales conocedores de los mecanismos del funcionamiento de Bruselas, que desmientan la manida imagen del Europarlamento como «cementerio de elefantes» de políticos obligados a un prematuro retiro de la primera línea.

Si esa fórmula de alivio de las tensiones internas de los diferentes partidos políticos españoles pudo funcionar en los primeros compases de la andadura de la Eurocámara, con funciones legislativas restrictivas y supeditadas a la decisión de los distintos gobiernos nacionales, ya no es así y Estrasburgo condicionará cada vez más la vida cotidiana de los europeos.

Pero, como señalábamos al principio, es fundamental que la oposición política al sanchismo obtenga una victoria clara en Europa, que traslade a nuestros socios la realidad de un gobierno de España que no cuenta con el respaldo mayoritario, más que con la suma de unos aliados de conveniencia con agendas propias y que defienden posiciones nacionalistas que llevaron a la tremenda tragedia de las dos guerras mundiales. La amenaza del «punto y aparte» hecha por el presidente del Ejecutivo, Pedro Sánchez, tras su burda maniobra electoralista, puede quedar en un alarde declarativo que reactive el frentismo, pero si no, Europa será la última línea de defensa de nuestro Estado de Derecho.