Opinión

Un viaje muy oportuno

La Razón
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Las relaciones entre los reinos de España y Marruecos atraviesan uno de sus periodos más cordiales, en el que los puntos de interés común, que son muchos, opacan los viejos diferendos, apenas reducidos a la cuestión saharaui y a puntuales discusiones sobre aranceles agrarios y cuotas pesqueras, que se complican en la medida que implican a toda la Unión Europea. En este escenario se produce el viaje de Estado de los Reyes, que, cumpliendo una regla de la diplomacia española no escrita pero comúnmente aceptada, reserva al reino alauí la primera visita oficial de un nuevo jefe de Estado o de Gobierno a un país de fuera de la UE. Tradición que responde, sin duda, al hecho de que España tiene en Marruecos un vecino fundamental, al mismo nivel de interrelación que Francia o Portugal, y no sólo por el hecho geográfico de compartir fronteras comunes. Existe, además, una profunda relación entre las dos casas reales, que Don Felipe quiere conservar con la cercanía que mantuvo Don Juan Carlos durante todo su reinado. A tenor de los gestos de deferencia y amistad que por parte de Marruecos adornan el programa oficial del viaje, es evidente que el deseo de Mohamed VI coincide en el mismo propósito. Como ya ocurriera hace exactamente un año con la última visita de Don Juan Carlos, el rey marroquí recibe a Felipe VI en plena celebración del Ramadán, fiesta religiosa esencial de los musulmanes, que suele paralizar las actividades oficiales en los países islámicos. El programa incluye, además, la ruptura del ayuno a la caída del sol con una cena solemne en honor de los Reyes de España, una muestra de afecto cargada de simbolismo. Existe, sin embargo, otro hecho que destaca la gran significación que para Marrruecos supone el viaje real, por cuanto éste se produce con el país norteafricano en estado de máxima alerta terrorista decretada por el Gobierno de Rabat, tras una serie de amenazas yihadistas que los servicios de información alauíes consideran verosímiles, pero que no han interferido en el calendario establecido. La colaboración entre las Fuerzas de Seguridad marroquíes y las españolas es fluida y debe seguir profundizándose en el futuro inmediato. La amenaza del terrorismo islamista afecta a ambos países, pero en el caso de Marruecos, que trata de avanzar en la consolidación de una democracia parlamentaria, es mucho más grave y se intensifica por la inestabilidad que la llamada Primavera Árabe ha provocado en sus vecinos norteafricanos. Aquí, como en el problema de la inmigración ilegal, España y Marruecos están llamados a entenderse y a colaborar sin reparos. El viaje de Sus Majestades continuará con la labor que siempre ha desempeñado la Casa Real española en favor del mejor entendimiento con nuestro, a veces complicado, vecino del sur.