Una estafa no puede acabar con la solidaridad

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La estafa urdida por el padre de Nadia Blanco, prevaliéndose de los mejores sentimientos que anidan en el ser humano, no puede convertirse en una causa general contra todas aquellas personas y organizaciones que, por los motivos que sean, demandan la ayuda y la solidaridad de otros. Ciertamente, el estafador no sólo abusa de la conmiseración de los demás ante la angustia y el dolor de una enfermedad, más cuando afecta a un niño, sino, también, de esa inclinación popular a creer que la Administración Pública es un ente insensible que se desentiende burocráticamente de sus ciudadanos. En este sentido, la Sanidad española proporciona unos servicios y una atención de enorme calidad, y hay muy pocas dolencias a las que los médicos españoles no puedan hacer frente. Pero, al mismo tiempo, existen enfermedades raras que, por su escasa incidencia, no son objeto de las investigaciones científicas que serían necesarias, al menos, para aliviar sus peores síntomas. Ahí entran en juego las asociaciones de afectados y otras organizaciones sociales de carácter privado que se encargan de impulsar la lucha contra esas enfermedades y la búsqueda de una mayor atención científica. Con ellas, toda solidaridad es poca. Toda ayuda, necesaria. Toda esperanza, bienvenida.