El inigualable legado del preso 46664

La Razón
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El fallecimiento de Nelson Mandela ha dejado al mundo huérfano de una de sus figuras más reconocidas y veneradas. Para intentar comprender el mito habría que aproximarse al contraste de un hombre nacido en un ínfimo rincón del continente olvidado, pero cuya muerte ha teñido de luto el planeta. De aquel origen al presente desenlace se compendia el magnífico legado de una personalidad capaz de una transición interior radical y de lograr el alumbramiento de una metamorfosis social y política casi milagrosa en un territorio condenado por un régimen atroz como el del «apartheid» surafricano. Los más de 27 años de reclusión del preso 46664 fueron trágicos, pero no fueron en vano. Mandela entendió que Suráfrica sólo sería posible a través de un acuerdo entre negros y blancos en el que todos ganaran algo y todos perdieran algo. Él dio ejemplo, se sobrepuso al ánimo de venganza de sus seguidores y defendió la concordia con aquellos que fueron sus represores. Las incógnitas sobre el futuro de la Suráfrica de Zuma, el continente africano y otros territorios del denominado Tercer Mundo son si la herencia del libertador prendió con la fuerza necesaria para perpetuarse o si Mandela fue un magnífico paréntesis en el drama casi cotidiano de la desigualdad y la injusticia sin que nadie ni nada sea capaz de coger el relevo y continuar su obra.