Tribuna

Los de la puerta de al lado

¿Es que en el mapa se localiza algún centro espiritual del Opus Dei? Pues sí, pero no del Opus Dei sino de cada miembro y es el sagrario de cualquier parroquia o iglesia de este planeta.

Otro mes que voy al retiro espiritual. Organizado por el Opus Dei, es un parón mensual, vespertino, de oración, meditación y examen de conciencia. Un tiempo para repasar cómo va mi vida personal, familiar, espiritual. Apenas dura hora y cuarto. Suficiente. Hoy empezamos leyendo un texto del fundador del Opus Dei sobre amor y servicio a la Iglesia y al Papa. También otro de Gaudete et Exsultate, la encíclica del Papa Francisco sobre la llamada de todos a la santidad, encíclica que es familiar para el Opus Dei pues su mensaje es que la santidad es cosa de todos, no sólo de curas o religiosos.

Por decirlo, aquí, en España, a su fundador le llamaron hereje y por decirlo en 1946, en el Vaticano, alguien de la Curia dijo que el Opus Dei había llegado con un siglo de anticipación. Han pasado 77 años y deseo que no haya que esperar los 23 restantes para que allí todos acaben entendiéndolo. Un mensaje que proclama Francisco porque desde el Concilio es doctrina de la Iglesia. Francisco habla en esa encíclica de los «santos de la puerta de al lado», imagen que plasma con fuerza a toda esa gente normal y corriente, anónima, que lucha por la santidad, que no es ser un repelente perfectito, sino vivir la fe con naturalidad, firmeza y coherencia, saberse hijo de Dios; caer y levantarse.

Paso la mirada por los que acuden al retiro. Saludos, abrazos, sonrisas. Hay gente que veo por primera vez, otros con los que hace tiempo que no coincidía, cosas de vivir en Madrid; veo que en algunos de ellos el tiempo va dejando su huella y llevan con señorío sus achaques, limitaciones o sus dificultades personales o familiares. No pierden una sonrisa que sólo es capaz de dibujar quien tiene esa paz que da la madurez espiritual; bastantes van con amigos, porque su vocación les lleva a acercarles a Dios a base de amistad personal y sincera. Entiendo la expresión de Francisco: santos de la puerta de al lado. Creo que hay muchos de esos, gente de muchos quilates, humanos y espirituales, personas anónimas que quizás no saben de su categoría ni falta que les hace: les basta esforzarse por vivir su fe y vocación.

Alguna vez me han citado como «persona relevante» del Opus Dei, un título que me da risa porque –pienso– ¿relevante?, ¿por aparecer alguna vez en la prensa?, ¿por mi condición profesional? Además, me abochorna: ya me gustaría ser relevante, de verdad y como lo es una persona en el Opus Dei, como lo son muchos de esos con los que coincido hoy. Desconocidos en el contexto público, luchan por la santidad día a día sacando adelante a su familia, a no pocos les cuesta o no llegan a fin de mes, cada día van a trabajar o andan en paro o llevan sus problemas con ese señorío al que me refería, se esfuerzan por ser buen padre o esposo, buen amigo, por acercarse un poco más a Dios cada día, por elevar el nivel espiritual y humano de donde están. Sin ruido ni cosas raras. Sin saberlo me dan ejemplo. Ellos sí que son los relevantes.

Apenas se comentan las noticias de estas semanas sobre el Opus Dei, unas sobre la reforma de las prelaturas personales –eso es el Opus Dei– o sobre el santuario de Torreciudad. No se ignoran los problemas, contrariedades que se reciben con paz y con paz se sentencia que hay que rezar para que se arreglen. Y a seguir trabajando. Por cierto: Torreciudad, santuario que algunos medios presentan como el «pulmón», el «corazón» o el «centro espiritual» del Opus Dei. Me sorprende porque pertenezco al Opus Dei desde hace 47 años y la última vez que estuve fue en 1980. Pero, me pregunto, ¿es que en el mapa se localiza algún centro espiritual del Opus Dei? Pues sí, pero no del Opus Dei sino de cada miembro y es el sagrario de cualquier parroquia o iglesia de este planeta.

Anochece y nos vamos. Algún desinformado quizás crea que somos un grupo de laicos que en horas libres colaboramos con el sacerdote que nos ha predicado, que él es el líder que nos convoca y dirige el retiro. Nada más lejos de la realidad. Al sacerdote se le ha traído para predicar, no dirige nada, no manda. Sirve como hacen los dos mil y pico sacerdotes del Opus Dei para los noventa y tantos mil laicos de la Prelatura, laicos que no son voluntarios de nada: no dedican al Opus Dei unas horas libres sino su vida, porque es una vocación. Conforman el Opus Dei, con espíritu laical son sus protagonistas, los realmente relevantes, son quienes quieren ser los de la puerta de al lado.