Acoso y derribo a los periodistas

El pasado martes se presentaba el informe de Reporteros sin Fronteras referido a 2014, un año en el que «se cruzó una línea roja bélico-informativa en Siria: la utilización clara de los periodistas como arma de guerra, más aún, como propaganda de guerra», según la presidenta de esta organización en España, Malén Aznárez.Y es que 2014 ha sido un año especialmente duro para la profesión, particularmente en los territorios en los que el denominado Estado Islámico ha hecho su aparición, Siria e Irak, y en aquellos lugares donde sus seguidores cometen sus atentados.

«Tenemos reciente la masacre en Charlie Hebdo, el horror y la sinrazón de la violencia yihadista», recordó Aznárez, que se refirió también a cómo los enemigos de la libertad de expresión han aprovechado para reavivar el debate sobre «hasta dónde debe llegar la libertad de información» para intentar poner límites. «El periodista estadounidense James Foley y el bloguero saudí Raef Badawi pueden personalizar bien la sinrazón y extrema violencia con que fue golpeado el periodismo en el mundo durante 2014», asegura el informe.

«James Foley quedará ya siempre unido al conflicto de Siria, donde 15 periodistas fueron asesinados y al menos 27 secuestrados a lo largo del año. Rehenes capturados en su mayoría por el Estado Islámico y, en algunos casos, asesinados brutalmente, lo que ha supuesto cruzar una línea con enormes repercusiones para el reporterismo de guerra», explica RSF, que define a Siria como un agujero negro informativo, «un escenario desolador en el que la información ha sido prácticamente sustituida por la propaganda». Y es que las acciones del Estado Islámico, aparte de lo que han supuesto en pérdida de vidas humanas, son también un aviso a todos aquellos periodistas que pretendan hacer su trabajo, de modo que se aseguran que tratar de contar lo que ocurre en las zonas ocupadas por estos terroristas equivale a una condena de muerte.

Pero no fueron éstos los únicos escenarios en los que la vida de los periodistas o la libertad de expresión están en riesgo. Tras las fallidas «primaveras árabes» de Egipto o Libia, estos dos países también se han convertido en lugares peligrosos para la actividad de los medios de comunicación. Así, Egipto se convirtió en el segundo país del mundo con más periodistas detenidos, 46, y segundo también en cuanto a periodistas encarcelados: 16.

Es de destacar también el caso del este de Ucrania, donde los separatistas prorrusos mantienen un conflicto con el Estado, lo que ha provocado que en los dos principales bastiones rebeldes, Donetsk y Lugansk, se hayan producido numerosos ataques a la libertad de expresión. Además, los propios combates han costado la vida a seis informadores, al tiempo que el cierre de medios de comunicación o televisiones tomadas al asalto, las detenciones arbitrarias de periodistas y las amenazas de todo tipo hayan aumentado en paralelo al incremento de la violencia en los frentes.

Afortunadamente, el número de periodistas asesinados en 2014 fue de 66, una cifra ligeramente inferior a la registrada en 2013. De éstos, más de la mitad, 36, lo fueron en Siria, Palestina, Ucrania, Irak y Libia. Además, hubo centenares de periodistas encarcelados –178– y se ha incrementado también la violencia contra los blogueros e internautas. Sobresale la muerte en 2014 de seis mujeres periodistas, frente a las tres del año anterior.

Y por último cabe destacar que muchos informadores se han visto obligados al exilio. Así, 139 periodistas y 20 internautas se pusieron en contacto con RSF cuando huían de sus países, «lo que indica que fueron muchísimos más», explica la presidenta de la asociación.