¿Es Tabarnia la solución? (y II)

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Volviendo atrás en el tiempo y situándonos en el fatídico 1 de octubre de 2017, debemos decir que la dirección y gestión del Gobierno de España no estuvo a la altura de las circunstancias. Lo hicieron mal, muy mal. Cierto es que, históricamente, no se ha sabido valorar la importancia del problema, ha faltado sensibilidad con Cataluña. Es evidente que no se supo gestionar el 1 de octubre. La sensación era la de vivir una partida de ajedrez de un padre contra su hijo, previsible, este último, en todos sus movimientos. Todo ello ocurrió, en mi opinión y por no hablar de dejadez, por minusvalorar la realidad de la sociedad catalana; habiéndonos dejado y dejándonos a muchos catalanes –por lo menos, la mitad– a merced de unos gobernantes que ya, de forma expresa, habían y han manifestado gobernar para solo una parte de los ciudadanos, para los que ellos consideran catalanes. Para muestra un botón: el lamentable discurso – y «por la cara»– de Ernest Maragall de hace unos días. En todo este curioso contexto –por calificarlo de alguna manera– que nos toca vivir, ha explosionado Tabarnia. ¿Es Tabarnia la solución al conflicto actual que se vive en Cataluña? Según sus fundadores, Tabarnia llegará tan lejos como el independentismo quiera llegar. Veremos. Tabarnia ha puesto muy nerviosos a los responsables del procés. El motivo es evidente: Tabarnia destroza y lleva al absurdo todos y cada uno de los argumentos (e.g. derecho a decidir, déficit fiscal, etc.) que los políticos separatistas han utilizado y utilizan para justificar la independencia. Pero es que, además, Tabarnia tiene hoy amparo legal. Como bien dicen sus representantes, Tabarnia es el espejo que los independentistas necesitan para darse cuenta de lo absurdo de los motivos que utilizan para justificar la secesión. De no ser así, parece sensato entender que no podrían negar a los tabarneses el mismo derecho a decidir que ellos anhelan. De la misma forma que Josep Cuní le recriminó a Pilar Rahola –en «Els Matins» de TV3 del año 2008– que no podía negarle a un aranés –Joan– lo que ella anhelaba para Cataluña. El lunes 22 de enero fue un día curioso, pasaron bastantes cosas. Casi todas insólitas. El president del Parlament, Roger Torrent, propuso Carles Puigdemont como candidato para ser investido como presidente de la Generalitat, a sabiendas de que no es posible que este pueda ser investido mientras resida en Bruselas, salvo que se vuelva a la senda de la ilegalidad y a hacer caso omiso a las recomendaciones de los letrados del Parlament. Sin embargo, la nota positiva del día nos la ofreció –dentro de lo esperpéntico de la visita del Sr. Puigdemont a Copenhague– la profesora y directora del Centro de Política Europea de la Universidad de dicha ciudad, Marlene Wind, cuando, en formato preguntas, le dijo claramente al Sr. Puigdemont que (i) votar fuera de la ley y sin respetar el Estado de Derecho no era democrático; (ii) su actuación había polarizado, todavía más, a la sociedad catalana; (iii) no entendía por qué en el siglo XXI tendrían que aparecer nuevo Estados basados en la etnia o identidad y (iv) que lo de gobernar por Skype carecía de sentido. Poco pudo responder el Sr. Puigdemont ante tanta sensatez. El miércoles de la misma semana –de nuevo, otro hecho insólito– el President del Parlament viaja a Bruselas y se reúne con el Sr. Puigdemont con el objetivo de tratar la forma en que se iba a formalizar la investidura telemática o a distancia. Parece una broma, pero así fue. Todo ello, una vez más, haciendo caso omiso de los letrados del Parlament. En este contexto, el Gobierno decide recurrir la resolución del Sr. Torrent que propone al Sr. Puigdemont como candidato a la presidencia de la Generalitat. El TC, antes de resolver sobre la admisión, ha ordenado que, cautelarmente, no se celebre el debate ni la votación del citado diputado por medios telemáticos ni por sustitución de este por otro. Asimismo, tampoco podrá investirse al candidato sin autorización judicial, aunque comparezca personalmente, siempre que siga vigente la orden judicial de busca y captura. El President del Parlament decide aplazar el pleno de investidura como consecuencia de la resolución, no sin antes afirmar que serán las diputadas y los diputados quienes elegirán al presidente de la Generalitat. Evidentemente, nadie pretende ni ha dicho lo contrario.Veremos qué sucede en los próximos días. Lamentablemente, seguimos para bingo. Los independentistas siguen igual. El procés nos está perjudicando a todos, tanto a nivel social como económico. El turismo se ha visto afectado, el consumo se ha ralentizado y la inversión extranjera se ha frenado considerablemente. Todo ello acabará afectando al empleo. No podemos seguir en esta situación de inestabilidad política y de inseguridad jurídica. Sin embargo, no todo son malas noticias. Parece que podemos, todavía, ser optimistas. La economía española ha empezado 2018 una importante inercia expansiva. Bastaría con que todos los representantes se comprometieran a actuar dentro del marco legal para poder consolidar las buenas noticias. No parece que sea mucho pedir. Dicho lo cual, y como potencial futuro tabarnés que soy, solo espero que Tabarnia se quede en lo que hoy es: una genial y didáctica idea que muestra lo absurdo de la secesión que se pretende por algunos. Eso sería, sin duda, una buena noticia.