La ilustración

La Edad de la Razón ilumina el último cuarto de siglo XVII y permanece con luz hasta mediados del siglo XVIII, una frontera en torno a 1760 presenta una serie de contradicciones que se conoce como una transición, bautizada como «prerromanticismo», nombre de ocasión y se cierra con la Revolución Francesa, con el movimiento del «Sturm und Drang» y la poesía «lakista». El pensamiento racional pierde seguridad y, en el orden práctico, los asuntos comienzan a progresar.

¿Cuál es la materia practica? Es un largo conjunto de valores racionales: comienza el ascenso de la curva de población, sobre todo en Inglaterra. La dinámica de este fenómeno demográfico se manifiesta por la bajada de la curva de mortalidad; se detiene el boom de los metales preciosos y se incrementa el comercio: algodón, carbón piedra, máquinas de vapor, como signos de revolución industrial. La Ciencia Física alcanza cima con Isaac Newton e induce a la Química, Ciencias Naturales y Economía. En el campo de las creencias el Cristianismo deja de darse entre gentes de pensamiento; persiste en plano de religiosidad popular y de renovación de fuentes sentimentales, como puede apreciarse en el «metodismo» y el «pietismo», mientras el “deísmo” enfrenta Dios-Razón; la cultura se convierte en religión sigerica personal: escepticismo, misticismo, secretismo.

Es importante el pensamiento inglés y su personaje característico, el gentleman filósofo George Berkeley (1685- 1753), en la línea del empirismo, es decir, el mundo de los sentidos: ver y tocar y más conversación en la relación e intercambio de frases. Alcanza el máximo con David Hume (1711-1776), que hace tabla rasa de lo mental y sólo presenta impresiones de los sentidos.

Ya en estos momentos alborea la conciencia de la historicidad humana con Juan Bautista Vico (1688-1744), que escribió un libro fundamental, «Principios de una nueva ciencia acerca de la naturaleza común de las naciones», que significa la apertura mental de una época hacia la historia, es decir, el alborear de una ciencia nueva que en un ciclo de tres edades, pasando y volviendo, corsi et ricorsi, de la edad de los dioses, la edad de los héroes y la edad de los hombres. En definitiva, es el momento de «les philosophes». En Francia, un tipo de pensadores con una filosofía social nueva, «gens de lettres» (literatura de costumbres), lucha contra el Despotismo Ilustrado, el Estado que se ha impuesto con el apoyo de la burguesía, que es la clase nueva de la época. Es el tiempo de Montesquieu (1689-1755), autor del primer gran tratado de ciencia política, «Del espíritu de las Leyes» (1748), que se publica en Ginebra. El más destacado, sin embargo, es François-Marie Arouet, Voltaire por «nom de plume», muerto en 1778, a los 84 años. Sus obras se publicaron de 1829 a 1834 en setenta volúmenes, que más adelante alcanzaron la cifra de ciento veinte tomos. Un escepticismo sarcástico como una imagen arquetípica de la crítica racionalista.

Aparece la Economía liberal con Adam Smith (1723-1790), que estableció nuevas fases a la economía que, todavía en Estados Unidos, se llama ortodoxa, en «Causas y caracteres de las Naciones». La Ilustración francesa se vuelca hacia el Romanticismo: aparece, en consecuencia, Denis Diderot (1713-1784), el mayor responsable de La Enciclopedia (1751-1772), diecisiete volúmenes, once de ilustraciones, diez de suplementos, siete millones de libras. A Diderot, atado a su sueldo, no le llegó ningún beneficio, mientras que la Ilustración francesa se vuelca en el Romanticismo con Juan Jacobo Rousseau (1717-1778). En principio, su profesión es la música –llegó a estrenar dos óperas–, su predilección, la Botánica; se convierte en escritor al concurrir a un premio para discurso sobre artes y ciencias, en lo que resulta paradójico: la cultura es un mal, es su título, si bien años después profundiza como primer autor liberal, escéptico, sarcástico, y él mismo se consideró reformador del Cristianismo.

El sector de la Economía liberal tiene el eje humano en Adam Smith, como vimos, insistiendo en el mayor disparate al afirmar que la cultura origina la desigualdad entre los hombres, de modo que el «Contrato Social» aparece en el mismo momento que el libro pedagógico «Emilio». «Emilio» es el eje del sentir rousseauniano, la exaltación del ideal del individuo natural. Todo está montado para originar cambios radicales el modo de pensar, sin entonar sentimiento sino solo razón y razón individual. La voz palpitante es el Aufklärung: las grandes preguntas que exigían grandes respuestas que debería dar Kant (1724-1804), máximo representante de la Ilustración, de familia humilde, que recibió una educación moralmente basada en el pietismo que profesaba su madre. Tras salir de la severa disciplina del Collegium Fridericianum se inscribió en 1740 en la Universidad Albertina de Königsberg, donde alternaban orientaciones wolffianas y pietistas.