La unidad de Alemania

La Razón
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En la oleada revolucionaria de 1848, el nacionalismo y la democracia fueron los altavoces del pensamiento político y de modo muy particular el idealismo y el romanticismo dotaron a Alemania del concepto de patriotismo, revelando la jerarquización política desde la Alta Edad Media. Historiadores como Ranke, Dahlmann o Gervinus exaltaron las glorias nacionales del pasado, denunciando al mismo tiempo la decadencia de los tratados de Westfalia: los poetas de la «Joven Alemania».

Paralelamente, Alemania experimentó, a partir de 1815, un considerable desarrollo económico. La Unión aduanera (Zollverein) promovía la unidad de tarifas aduaneras. Robusto proceso de unificación económica que Austria no pudo impedir mientras tenía en sus manos la dirección política de la Confederación. En 1850 la situación no se pudo modificar, aunque su corriente nacionalista fue en aumento y el «Zollverein» tendía a crear una importante clase social: la burguesía capitalista dispuesta a prestar su apoyo al Estado más caracterizado para llevarlo a la realidad, la unidad sólo dependía del sistema de equilibrio político entre Austria y Prusia.

En 1861, Guillermo I era coronado rey (1861-1888), quien nombra primer ministro de Prusia a Otto von Bismarck. Guillermo I era partidario de la unidad alemana, aunque sin lucha ni presión moral.

Von Bismarck (1815-1898) era miembro de la pequeña nobleza del Este, era hombre enérgico, decidido, a quien el aumento de población le indujo a proponer una reorganización militar, lo cual chocó de inmediato con la oposición de la Dieta. Ésta otorgó créditos extraordinarios, pero en 1862 la mayoría progresista-liberal se opuso a otorgar más créditos. Entonces el poder fue confiado a Bismarck, el cual, en el ejercicio de su cargo, había tenido oportunidad de intervenir en la política diplomática, como Embajador en Rusia desde 1859; embajador en París, donde alimentó las quimeras de Napoleón III. Ya en el poder, en 1863 prestó ayuda a Rusia para reprimir la insurrección polaca del momento (1863).

En el año 1882 declaró Bismarck en el Reichstag: «Si algún mérito puedo atribuirme en la política exterior es haber impedido que se formara una coalición antialemana demasiado poderosa desde 1871». En efecto, venció separadamente a los enemigos de Prusia en las tres guerras: contra Dinamarca (1864), contra Austria (1866), contra Francia en 1870, y obtuvo la unificación de Alemania sin que ni Rusia ni Gran Bretaña obstaculizaran aquella victoriosa carrera; no había en Europa quien le cerrara el camino. La autoridad personal de Bismarck era enorme, no solo en Alemania sino también en la política internacional. Ello tanto en la edificación del nuevo Imperio o Reich alemán como en la estructura del «Reich» alemán, basado en el paso de rey de Prusia a «Kaiser» de Alemania. Bismarck impuso sus ideas y su voluntad por encima de toda crítica o resistencia. Hasta su deposición por el joven Kaiser Guillermo II en 1890 fue la figura más sobresaliente y dominante en la política europea.

La guerra de 1870-1871 quedó limitada a Francia y Alemania, de tal modo que en la paz de Frankfurt Bismarck pudo dictar sus condiciones a la vencida Francia, que quedó políticamente aislada de Europa. La paz de Frankfurt no era como la que en 1866 había concertado el propio Bismarck con Austria en Praga. El historiador W. Windelband cree que Bismarck consideró «la enemistad de Francia como una segura y duradera hipoteca sobre la política alemana». El historiador Von Ranke durante la guerra, en el curso de una conversación con Thiers, que le preguntaba por qué Prusia continuaba la guerra contra Francia; tras la derrota y prisión de Napoleón III, indicó la sentencia: «Alemania hacía la guerra contra Luis XIV». Con mayor sobriedad, su aguda inteligencia, en las negociaciones de la paz el ministro francés de Asuntos Exteriores Favre declaró que la población de las dos provincias era antialemana, contestó Bismarck: «Lo sé perfectamente. No les hacemos ninguna gracia, ni ellos a nosotros. Será más bien una difícil carga para nosotros».

Las relaciones interestatales se basaban en el principio de la soberanía de los Estados, lo que significa que la política exterior de un Estado no debe estar sometida ni a limitación ni supervisión alguna por parte de otros Estados. Von Bismarck: Conservar la paz en Europa no era un fin, sino un medio para mantener la situación hegemónica de Alemania en Europa.