Otro golazo de la animación

No hay que ser muy avispado para comprender que el fútbol, pese a haber tenido escasa suerte en la historia de la cinematografía es un cebo lo suficientemente consistente como para hacer picar a una buena parte del público. Si además se trata de una cinta familiar, como es el caso, la cuestión puede convertirse en fenómeno, como ya ocurrió con su estreno en Argentina, pues fue capaz de llevar a más de un millón de personas a los cines. Y en el país austral la popularidad de su cine es similar a la que el español tiene en el nuestro. Para aquellos que tengan que llevar a sus pequeños a las salas y no sepan, ni quieran saber, qué es un fuera de juego, advertimos de que su director asegura que «juego pésimo al fútbol. No soy futbolero, aunque me gustan las emociones que levanta. Me he preocupado de que puedan disfrutarlas personas ajenas a este deporte. Igual que no me interesa el boxeo y "Rocky"me encanta. Mi gran diferencia con Amadeo es que yo también soy malísimo jugando al futbolín», asegura el realizador.

El deportista millonario

Amadeo es el David de esta historia, que tiene que enfrentarse en la cancha, y fuera de ella, a un Goliath que recuerda demasiado a Cristiano Ronaldo. ¿Tendrá algo que ver el país de origen de su gran rival: Leo Messi? Campanella tira balones fuera: «Físicamente no se parece, en realidad. Ahora se dice que recuerda a Ronaldo, pero yo no sabía quién era cuando empezamos la película. En realidad, es un tipo común: el deportista devenido en multimillonario y exitoso. No se ha convertido en mala persona, sino que siempre lo fue y el dinero le hace perder la vergüenza de mostrarlo. Lo que da el éxito no es maldad, sino impunidad». Aunque se estrena después del Oscar para el director de «El secreto de sus ojos» fue un proyecto contemporáneo con esta película. Todo un proceso que le ha enseñado a este genio de la ironía que jugar a ser Pixar es un juego peligroso: «Si hubiésemos sabido en lo que nos metíamos, no lo hubiéramos hecho; pero, menos mal que lo hicimos. Ahora no tardaría menos tiempo, las películas de animación necesitan de tres a cinco años, pero ahora sabríamos cuáles eran los plazos. Anticiparíamos los problemas en vez de solucionarlos sobre la marcha», apunta. Algunas de las principales diferencias que apunta son lo inverso de los procesos. Por ejemplo, para alguien que ha montado todas sus películas anteriores, no le acaba de entrar en al cabeza que en las películas de animación el montaje sea el primero de los procesos. A pesar de que el formato sea diferente, mantiene cierto regusto a las moralejas que ha contado con actores este especialista en exculpir perdedores («La luna de Avellaneda», «El hijo de la novia»): «Todos los directores tenemos temas que nos preocupan. La épica del hombre común que encuentra un héroe dentro de sí mismo porque las circunstancias lo llevan es algo que emerge en todas mis películas», reconoce.

La cinta abrió el pasado Festival de Cine de San Sebastián y el equipo estuvo muy abierto a las reticencias que críticos y espectadores manifestaron sobre el doblaje, en el que participan, entre otros, Michelle Jenner y Arturo Valls. Tanto que han optado por mejorarlo durante estos meses, como reconoce el creador: «Ha habido modificaciones a raíz de San Sebastián. Hemos corregido algunas cosas, pero lo que sí habría que aclarar es que la versión argentina no es la original. Es una coproducción y ambos se hicieron al mismo tiempo, lo que ocurre es que en mi país se estrenó antes», admite Campanella, que se siente muy orgulloso de este equipo mixto de ambas nacionalidades: «No voy apelar al nacionalismo para que la gente acuda a ver la película, pero tampoco quiero que eso suponga un demérito. Tiene la misma calidad que otras internacionales y pueden encontrar una dimensión humorística que quizá no hallen en las otras. Que dejen decidir a los niños, que se van a sorprender», anima el cineasta.