Auschwitz: los versos del silencio

La Razón
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«Dame una sola línea de poesía por día, Dios mío». Las palabras no son de un escritor que ansíe inspiración. No espera a las musas. Su autora murió en Auschwitz. Etty Hillesum. Una mujer judía. Sin más pretensión que plantar cara al sindiós que acabó con más de un millón de muertos. El Holocausto.

Francisco paseará este jueves entre los barracones del mayor campo de concentración nazi y hará visible su silencio ante otro muro más de la vergüenza, entre los pabellones diez y once, los de los fusilamientos.

Allí escucho a una peregrina que acaba de cumplir 18 años preguntar al aire: «Pero a esta gente, ¿qué se les pasaba por la cabeza?». Unos pasos después, escucho una reflexión similar. Lo ven lejos. Como si no fuera con ellos. Y yo lo veo más cerca. Quizá contagiado por otras alambradas que hoy siguen en pie. Por otros genocidios, no tan masivos, pero igualmente silenciados. Por la irracionalidad de los radicalismos. Por quienes miran atrás a la caza de una memoria selectiva que busca una revancha y no para cerrar heridas. Para no olvidar. Para enmendar. Para perdonar. Para que no se repita.

Cualquier intento de reflejar lo que se siente al caminar por el campo de concentración suena a literatura artificial. Porque sólo quien allí pereció puede narrar el horror. Como Edith Stein, la filósofa carmelita de origen judío. En el pozo del desaliento no sintió el abandono de Dios. «No elegimos el sufrimiento, pero sí la actitud con la que lo asumimos», me deja caer alguien. Levanto la mirada y veo un cartel de Maximiliano Kolbe, el franciscano conventual que se cambió por un reo. Dar la vida por cualquiera, por todos, por el diferente. Mártires por amor.

Mutismo. Ante la cámara de gas. Junto a los crematorios. Que los participantes en la JMJ hagan parada en Auschwitz y Birkenau es un imperativo para salir de la burbuja, de la zona de confort. A buen seguro que Jorge Mario Bergoglio no sólo se dará golpes en el pecho por la historia errada, sino que alzará la voz por la alarma en el presente, por esa tercera guerra mundial en fascículos que le angustia.

Oración por los judíos, por los gitanos, por los cristianos, por los presos políticos. Por aquellos que perecieron en el pasado. Por el hoy y el mañana. Por esos versos del silencio a los que invocaba Etty Hillesum.