«Ayer descubrí que es el pastor que no se olvida de sus ovejas»

El Papa Francisco reconoció entre la multitud a Aemiluis, sacerdote uruguayo de 33 años, le pidió que se acercara para poder saludarle y le invitó a compartir la eucaristía
El Papa Francisco reconoció entre la multitud a Aemiluis, sacerdote uruguayo de 33 años, le pidió que se acercara para poder saludarle y le invitó a compartir la eucaristía

CIUDAD DEL VATICANO- Jesús vio a la mujer adúltera entre la multitud. Lo decía el Evangelio de ayer. Parábola real. Francisco hizo lo propio con Gonzalo. En medio de las miles de personas que esperaban al Papa a la entrada de Santa Ana, él vislumbró un rostro conocido y pidió a los escoltas vaticanos que le permitieran acercarse. Era su amigo uruguayo Gonzalo Aemilius, sacerdote de 33 años. Le invitó a compartir la eucaristía con su nueva parroquia vaticana.

Y no acabó ahí. Al finalizar la eucaristía el Papa le presentó como un hombre «venido de lejos que desde hace tiempo trabaja con los niños de la calle y con los drogadictos en una escuela».

«Todavía sigo emocionado», asegura a LA RAZÓN este cura «tuitero» que está al frente del Liceo Jubilar de Montevideo, el primer colegio de Uruguay que se sirve de un modelo público/privado para facilitar el acceso a una educación digna a los niños y jóvenes del barrio más pobre de la ciudad.

Sentimientos encontrados

Entre sus méritos, se encuentra haber logrado una tasa cero de abandono escolar teniendo a la familia como pilar educador. «Cuando escuché que él había sido el cardenal elegido para ser Papa, se generaron sentimientos encontrados en mí. Por un lado, una profunda alegría por la Iglesia universal. Por otro, un "dolorcito"por el amigo que perdía. Pero ayer descubrí que el Papa no se olvida de sus ovejas, que las reconoce entre un millón», asegura el sacerdote, que conoce al cardenal Bergoglio desde 2005. «Se interesó por el proyecto y desde entonces para mí no sólo ha sido testigo de la fe, sino cómplice de todo aquello que andaba rumiando en mi corazón».

De ahí que se sienta plenamente identificado con esa «Iglesia pobre» que quiere el nuevo Pontífice: «Cuando habla de pobreza, no se refiere sólo en términos socioeconómicos, sino también a otras cosas como la droga, un asunto que siempre le ha preocupado mucho. Pobre es todo aquel hermano que necesita de nuestra respuesta. El mismo Francisco se siente pobre y por eso pide que recen por él. Se sabe herido y desde ahí quiere sanar a los demás».

Conocedor de la realidad eclesial de América Latina, Aemilius considera que es mucho lo que tiene que aportar a Europa: «Los uruguayos vivimos en una cultura secularizada, donde la Iglesia nunca estuvo relacionada con el poder, algo de lo que estoy orgulloso, sino que está basada en la fe del pueblo. Esta situación nos despoja de todo y nos hace comprender que hay que combatir menos por tener poder y proponer más ideas, por ejemplo, a los jóvenes que están sedientos y nos esperan».