Ricardo Darín: «Quiero hacer más de villano y menos de mí»

Protagoniza el claustrofóbico thriller «Séptimo» junto a Belén Rueda

Darín y Belén Rueda, frente a frente, como una ex pareja que, cuando están en el peor momento de su separación, sufren la desaparición de sus dos hijos Lo más extraño es que ha ocurrido sin salir del mismo edificio donde viven. Esta es la propuesta de Patxi Amezcua, un director español que se enamora de Buenos Aires durante los exteriores del filme.

-Separado, megaestresado, mentirosillo, siempre llega tarde... ¿Cree que es un buen padre su personaje?

-Hace lo que puede, como casi todos. Es difícil enjuiciar a la ligera, pero sí, me parece un buen padre. Lo que pasa es que es un poco golfillo, pero también conozco muchos santurrones que no sirven.

-El guión tiene la virtud de presentar a los personajes con apenas un par de trazos. Y además es capaz de convertir a todos en sospechosos...

-Es un género que no te da mucho tiempo para perseguir la historia de cada personaje. Apenas dedica dos o tres trazos a cada uno porque debe atender el conflicto central. Quizá eso atente contra le profundidad de la historia, pero así debe ser.

-Habrá quien piense que la ciudad de Buenos Aires ha patrocinado la cinta porque hay unos impresionantes planos aéreos que sirven de contrapunto a la claustrofobia que se vive en el edificio donde transcurre toda la acción.

-La ciudad no ha contribuido demasiado. Éstas son cosas que los jeques que tienen a su cargo administrar nuestros destinos siempre ven después, nunca antes.

-Tras rodar con Belén Rueda, ¿ha comprendido por qué es la actriz española que más gente lleva al cine?

-Entre la gran cantidad de cualidades de Belén tiene una que me llama la atención, tratándose de una actriz, y conozca muchas: es de una sencillez y una cercanía... Ella llegó al rodaje cuando llevábamos unos veinte días y a los tres minutos ya todo el mundo estaba enamorado de ella. Es muy difícil fingir eso. Y es que, como además de bella, es listísima... no pone ninguna distancia.

-O sea, que no tuvo que hacer de mediador con el equipo argentino...

-No, las ayudas entre compañeros son más bien tácitas. Traté de entender que estaba haciendo una gran esfuerzo por la película, pues estaba grabando una serie y aprovechó unos días libres para participar. Eso ya es traumático, así que traté de ponerla al tanto de cómo iban las cosas, que es lo que me hubiera gustado que hicieran conmigo si fuera al revés.

-Y además en este filme tiene que decirlo casi todo sin palabras...

-Sí. Debe estar todo el tiempo con el freno de mano puesto.

-«Séptimo» es un experimento comercial: dos primeras figuras de países distintos.

-En efecto, pero esta coproducción está más que justificada porque la idea madre fue planeada de esta forma: un matrimonio entre un argentino y una española vive un tiempo en España y otro en Buenos Aires. Y eso genera el conflicto de que ella se quiere volver y él pretende quedarse.

-¿Cree que es posible crear un «star-system» latinoamericano?

-Confío mucho en el cine latinoamericano. Creo que tenemos bastante talento, no sólo a nivel actoral, también técnico, los directores y guionistas. Hay mucha gente muy capaz en todas las áreas de la industria. Sería genial que entre todos pudiéramos abolir esa frase estúpida e injusta que se escucha tanto en ambos países: «Yo no veo cine español o argentino». Si somos honestos, nadie dice tras ver una película de Hollywood que no le ha gustado: «Ya no veré más cine americano».

-¿Cuánto se considera ya parte del cine español?

-Es difícil como profesional porque soy argentino, pero como espectador puedo decir que el español me ha cambiado la vida, por ejemplo, películas como «Los santos inocentes». Puedo admitir que empecé a considerarme un poco parte tras la invitación de Cesc Gay a participar en «Una pistola en cada mano», porque, aunque mi personaje era argentino, seguía siendo uno más del grupo.

-Asegura que trabaja menos en el cine ahora porque está harto de hacer de Darín.

-Es que hay piropos encubiertos como que soy un género en mí mismo. Me gustaría que me llamaran más para hacer de villano, porque no hay nada más divertido que interpretar a un hijo de puta.