«Los pacientes curados no vuelven a infectarse»

Así lo afirma África González, presidenta de la Sociedad Española de Inmunología, en una entrevista para LA RAZÓN

Cuando parece que lo peor de esta crisis ha pasado, son muchas las incógnitas que se presentan de cara a la «vuelta a la normalidad». De todo ello nos habla la doctora África González, presidenta de la Sociedad Española de Inmunología.

–Ha habido mucha controversia con los tests rápidos... ¿por qué ha sido tan difícil encontrar unos que funcionen? ¿Son fiables?

–Hay que distinguir que hay dos tipo de tests rápidos y creo que la controversia ha venido por ahí. Existen unos que detectan el antígeno, el propio virus, mientras que otros detectan anticuerpos. Los primeros que se pidieron realmente no se comprobaron de forma adecuada si eran muy sensibles o tenían mucha fiabilidad. Lo que tendríamos que haber hecho es comparar de distintas casas comerciales para ver cuál de ellos era el más fiable.

–El Gobierno propone ahora hacer tests rápidos a personas asintomáticas. ¿A cuánta gente habría que hacérselos?

–Estoy de acuerdo en que hay que hacer el test para detectar anticuerpos, porque esto va a permitir, a diferencia del test de la PCR, ver la gente que tiene el virus en su organismo. Los anticuerpos se mantienen durante más tiempo y además su fiabilidad se eleva a más del 90%. Las recomendaciones de la Sociedad Española de Inmunología sobre a quién debería hacerse el estudio de anticuerpos son a pacientes con sospecha, con PCR negativa, ya que puede complementar el diagnóstico. Hay personas con PCR negativa que si tienen anticuerpos indica que se infectaron con el virus y han desarrollado anticuerpos. Y al personal sanitario, para predicción de infección en contactos sanos. Y también se deben usar para obtener información de la población general, ya que de cara a estudios epidemiológicos y planificación sanitaria, es importante analizar la presencia de anticuerpos en la población general con el fin de poder contener los contagios causados por individuos asintomáticos, así como para conocer el porcentaje de personas que han generado inmunidad protectora. Además, permitiría valorar el estado de inmunocompetencia de cara a la reincoporación a sus puestos de trabajo, repercutiendo en el impacto económico que tiene la pandemia. También serviría para estudios de la cinética de la respuesta inmunitaria en pacientes infectados.

–¿Es adecuada esta estrategia o llega tarde?

–Como los anticuerpos tardan entre 10-21 días en generarse en los pacientes, hay que esperar ese tiempo. Tal vez se podía haber hecho antes, pero es cierto que se debe esperar para que los anticuerpos aparezcan. Estamos hablando de dos o tres semanas después de tener los síntomas.

–Respecto al confinamiento, ¿cómo habría que salir de él?

–Lo mejor es separar cuanto antes a las personas infectadas de las no infectadas, y para eso hay que hacer un estudio masivo para detectar la presencia del virus (PCR), que es lo que se ha hecho en algunos países. El confinamiento ha permitido disminuir los contagios y que no se colapsen los sistemas sanitarios. La curva disminuye y se alarga en el tiempo.

–Después de la cuarentena, ¿podría haber nuevos brotes?

–Es posible, pero estaríamos ya en otra situación más favorable, con personas inmunizadas, con concienciación de la ciudadanía, y es posible que los casos nuevos fueran menos. Sin embargo, no se puede bajar la guardia. Lo que se ha visto en China es que vuelven algunos casos, pero está más contenido y controlados los focos.

–Una vez pasado el Covid-19, ¿se genera inmunidad o puede uno volver a contagiarse? ¿Y ser contagioso?

–No estamos seguros, ya que es un coronavirus nuevo y solo llevamos conociéndolo cuatro meses. Por lo que sabemos de otros semejantes, SARS y MERS, los niveles de anticuerpos pueden durar unos meses pero no es muy duradero. Algún trabajo indica que puede haber respuesta inmunitaria celular (de linfocitos T) que duraría mucho más tiempo. Lo que se ha visto es que pasadas dos o tres semanas las personas ya no tienen el virus (detectado en garganta o en secreción nasal) por PCR. En algún caso se ha detectado pasados más días, por esto hay que hacer la prueba de nuevo para confirmar que la persona ya no es positiva. Lo que se está viendo en pacientes curados es que no se vuelven a infectar del mismo coronavirus. Puede haber algún caso, pero es una excepción.

–Una de las cosas que han aprendido es la importancia del proceso inflamatorio que produce en algunos casos. ¿A qué se debe?

–Lo que hemos visto es que hay una respuesta inflamatoria muy importante que es lo que al final produce ese distrés respiratorio y, en ciertos casos, la muerte del paciente. Pensamos que detectar tempranamente esos marcadores inflamatorios, que se conocen como citocinas, puede ayudar a iniciar una inmunoterapia lo antes posible. Hemos propuesto determinar sobre todo la IL-6 y además hay tratamiento par bloquearla. Podemos, por una parte, bloquear su receptor con el anticuerpo monoclonal tocilizumab, bloquear la IL-6. Otras citocinas que también se está empleando en su bloqueo es la IL-1, se puede bloquear con anakinra.

–Proponen hacer un análisis de sangre a través del cual se puede pronosticar el grado de severidad del virus. ¿Cómo es eso?

–La determinación de los niveles de IL-6 y de otras citocinas inflamatorias en suero ayuda al diagnóstico de la «tormenta de citocinas» y a tomar decisiones sobre el tratamiento que el paciente recibe. Resultados publicados han demostrado que aquellos que ingresan en la UCI presentaban unos niveles significativamente más altos de IL-6 y varias citocinas inflamatorias que los que evolucionan más favorablemente. Está ampliamente aceptado por la comunidad científica que grandes cantidades de citocinas inducida por el SARS-CoV-2 se asocia con la gravedad y el pronóstico de la enfermedad.