¿Por qué unas personas cumplen las medidas de prevención y otras no?

Mientras llega la vacuna, la protección más potente contra el contagio se "confecciona" a través de las ciencias del comportamiento. En ellas está la clave para entender porque hacemos lo que hacemos y cómo potenciarlo o evitarlo.

Las conductas irresponsables en el uso de medidas de protección no están vinculadas a grupos de edad, sino a otros factores.
Las conductas irresponsables en el uso de medidas de protección no están vinculadas a grupos de edad, sino a otros factores.Ruben mondelo .La razon .

La señora que arruga las cejas cuando se cruza con un grupo de jóvenes sin mascarilla en el acceso a la playa, pero luego se quita la suya en una terraza sin pensar si su mesa mantiene la distancia de seguridad con la de al lado. Los que no se cubren la nariz, los que la llevan colgada de la muñeca la mayor parte del tiempo, los que desconfían de todo y de todos, pero con su “burbuja social” pierden toda la prudencia; la pandemia nos ha mostrado que no se puede ser juez y parte. Al final, nadie está libre de comportarse irresponsablemente alguna vez. Pero, ¿qué hace que unos y otros actuemos de un modo tan distinto, ante unas normas básicas y en apariencia sencillas de aprender e implementar?

Parte de la respuesta está en las ciencias de comportamiento, que estudian nuestras reacciones y adaptaciones a una misma realidad. “El punto clave es que no solo se aprende por la experiencia propia, sino por el llamado aprendizaje vicario, es decir, aprendemos en función de lo que observamos que les pasa a otros. En este sentido, y poniendo el foco en los momentos iniciales de la pandemia, la falta de información, fotografías o reportajes que nos mostraran lo que verdaderamente estaba pasando, en cierta medida contribuyó a que dicho aprendizaje vicario no se produjera, y ahora que, según nos dicen, lo peor ha pasado, tampoco hay una información clara y precisa (a veces incluso contradictoria) sobre lo que está sucediendo, a quién le está pasando, y cómo lo están llevando. En resumen, no hemos visto el verdadero drama de la pandemia”, señala Diego Vicente, profesor de Comportamiento Organizacional en IE University. “La falta de coherencia y un plan de actuación poco o nada claro, tampoco contribuye a extinguir esas conductas irresponsables. Pasamos del “no habrá casos” a “esto es imparable”, del “no hace falta mascarillas” al “use mascarillas”, los fallecidos no son tantos como se dijo al principio. Todo esto contribuyó a crear un clima de incertidumbre donde cada uno de nosotros se acogió al mensaje que mejor le convenía”, añade.

Nos sobra autoestima y olvidamos lo malo

Para funcionar “en bloque” contra algo, los mensajes iniciales son básicos. “Las bases para crear una mentalidad combativa contra el virus no se construyeron con unos cimientos sólidos, y ahora vamos parcheando. Ahora, casi todo el mundo tiene una idea formada sobre la pandemia y desde ahí el trabajo de desmontar ideas contraproducentes que desembocan en comportamientos irresponsables es mucho más difícil”, explica el experto.

Además, curiosamente, en esta situación, la elevada autoestima no ayuda. “Todos nosotros, en términos generales, tenemos una autoestima bastante elevada. Por lo general nos creemos mejores que los demás, más listos, más fuertes y por supuesto, nuestro sistema inmune está mejor preparado para combatir el virus que el de los demás. De hecho, y en este sentido, muchos de nosotros, dada nuestra ‘gran fortaleza física e inmunológica’ relacionada con nuestra elevada autoestima, pensamos que el virus ya lo pasamos aquellos días a principios de año en los que nos encontramos algo mal, con síntomas muy parecidos a los del Covid19”, describe Vicente. Y, aunque somos casi 50 millones de personas viendo en España, con nuestras peculiaridades y matices (educación, circunstancias económicas y sociales, etc.), el modo en el que funciona nuestro cerebro es muy parecido y, como tal, nos hace olvidar lo malo y centrarnos en lo bueno para sobrevivir y seguir adelante. “Esto es una ventaja, ya que nos ayuda a no vivir deprimidos todo el día por hechos pasados, pero también nos perjudica a la hora de olvidarnos de lo mal que lo pasamos todos aquellos días de confinamiento. Ahora parece que todo aquello no existió o no fue para tanto. Vamos que, vivimos con la idea de que, si nos vuelven a confinar, lo superaremos tan bien, o mejor incluso, que lo hicimos la vez anterior, porque en el fondo, aquello no fue tan grave”, matiza.

El virus no ayuda

También parece ser que la forma en la que actúa el virus no ayuda a frenar los comportamientos irresponsables, debido al tiempo que pasa entre el contagio y la aparición de síntomas. “No se producen una contingencia entre el proceso mismo de infección y el desarrollo de los síntomas, es decir, no es un proceso inmediato en el que uno pueda darse cuenta de las consecuencias de su conducta; pueden pasar hasta 14 días desde que uno realiza ese acto irresponsable hasta que recibe el ‘castigo’”, señala el profesor. “Si los efectos de la infección se produjeran de forma inmediata tras la conducta, ya no en uno mismo (que poco se podría hacer al estar infectado), sino que se pudiera observar en los demás (aprendizaje vicario) de una forma automática y contigua a la conducta (contingente), habría menos conductas irresponsables”, añade.

Dar ejemplo

Pensando en el futuro, y tratando de extraer aprendizajes de lo que hemos hecho mal hasta ahora, algunas de las claves serían no excederse en el “machaque mental” a la población hasta llevarla a la saturación y en predicar con el ejemplo. “Sobre todo los políticos, por su mayor visibilidad y por ser los encargados de acabar con toda esta situación, deberían ser coherentes con el mensaje y ejemplares con sus conductas. Es inadmisible, por ejemplo, que a miembros del Gobierno, Diputados o Senadores se les vea sin mascarilla, sin guardar la distancia de seguridad o saltándose el confinamiento, y ya no digamos que los máximos responsables del ámbito sanitario se les vea incumpliendo todo aquello que ellos dictaminan. El mensaje que recibe la población es el de si ellos lo hacen ¿por qué no lo voy a poder hacer yo también?”, concluye.