“El miedo y la tristeza provocada por la Covid-19 condicionan la fluidez de las personas con tartamudez”

Los afectados denuncian la subida del IVA de la logopedia: “La terapia en los niños y adultos no es un lujo, sino una necesidad y la Seguridad Social no la cubre"

Las personas con tartamudez todavía se enfrentan a tabúes muy extendidos que marcan su vida y sus posibilidades laborales
Las personas con tartamudez todavía se enfrentan a tabúes muy extendidos que marcan su vida y sus posibilidades laborales

Cuando las palabras parecen atascarse y se atropellan unas a otras lo más habitual es pensar que aquella persona con la que hablas anda un poco nerviosa o insegura... Pero detrás de esas sílabas que no fluyen suele haber un problema físico que también tiene trascendencia psicológica. Se trata de la tartamudez, un trastorno del habla del que hoy se celebra su Día Internacional con el objetivo de hacerlo visible a la sociedad, pues todavía queda mucho por hacer en este terreno.

“Hay muchísimo desconocimiento acerca de lo que es la tartamudez y ese desconocimiento nos pone barreras en muchos aspectos, siendo el más preocupante el laboral. Nuestro bloqueos y repeticiones no miden ni limitan nuestras capacidades, como dice nuestra campaña este año: #SoloTartamudeo”, reconoce en una entrevista a LA RAZÓN Helena Sáenz, una persona con tartamudez, fisioterapeuta de profesión y miembro del equipo de trabajo de personas voluntarias de la Fundación Española de la Tartamudez.

Tal y como ha ocurrido en otras muchas facetas, la pandemia de la Covid-19 ha supuesto más piedras en el camino de las personas con tartamudez, retrasando una evolución que forma parte de su calidad de vida. “Durante estos meses muchos pacientes han suspendido los apoyos de logopedia o los han reducido por lo que los avances y aprendizajes se han parado. Las emociones, el miedo, la tristeza, el enfado... han sido y son protagonistas en estos días, se reflejan en nuestra habla, voz, lenguaje y forma de comunicarnos. En las personas que tartamudean la emoción, inevitablemente, condiciona la fluidez de su habla”, explica a LA RAZÓN Sandra Vico, logopeda especializada en tartamudez y vicepresidenta del Colegio Profesional de Logopedas de la Comunidad de Madrid, quien reconoce que “al retomar las sesiones de logopedia, al hacer la valoración del habla se pueden observar retrocesos, pero si la base y los objetivos estaban y están claros recuperar el tiempo perdido o menos aprovechado no es tarea complicada”.

Tabúes frente a la tartamudez

Aunque cada vez hay más información al respecto, todavía queda mucho por hacer: “Existen muchísimos tabúes con la tartamudez. Mucha gente sigue pensando, por ejemplo, que es de origen psicológico, lo cual es absolutamente falso. También se desconoce que es una acto involuntario y se nos achaca falta de voluntad. Hay quien sigue creyendo que afecta a nuestra inteligencia o que es debido a los nervios. Sigue siendo un gran estigma social que causa risa y escarnio, lo que genera en muchas personas con tartamudez miedo y vergüenza a afrontar su realidad, siendo este otro problema por sí mismo que en muchos casos requerida atención psicológica especializada”, relata Sáenz, quien confiesa que “todo esto nos repercute a la hora de la búsqueda de un empleo, pues si el empleador tiene prejuicios creados por la falta de información veraz, nuestras posibilidades disminuyen”.

Por todo ello, Sáenz recomienda a los afectados por este problema “que se armen de amor propio, que se elijan a sí mismos por encima de todo. Y con todo me refiero a querer encajar siendo algo que no son, es muy agotador y una pérdida de tiempo. Y si necesitan ayuda, que la pidan, no pasa nada. Que se acepten y a partir de ahí se abre todo un mundo de posibilidades donde son ellos y no la tartamudez quienes mandan. No digo que será fácil, pero valdrá la pena”, asegura.

Pero además de las personas con tartamudez, resulta imprescindible que el resto también cambie su forma de actuar: “Es necesario que se ponga en nuestro lugar, que traten de imaginar afrontar un día normal tartamudeando, lo demás seguro que les sale por sentido común”.

La ayuda del logopeda, clave en la evolución

La tartamudez no se corrige, suele acompañar a la persona durante toda la vida, pero sí que se puede controlar y compensar con tratamiento logopédico. “Por desgracia, casi en su totalidad son tratamientos de carácter privado, así que mucho más me preocupa la propuesta de subida del IVA a los logopedas. La terapia en los niños y adultos con tartamudez no es un lujo, es una necesidad y la Seguridad Social no la cubre”, denuncia Sáenz.

“La logopedia le ayudará a dominar mejor su expresión oral, pues la persona puede aprender a comunicar de forma más suave y cómoda y mejorará la entonación y el ritmo del habla. De esta forma también consigue mayor seguridad y autoestima, una cuestión clave para acabar con el círculo vicioso que se establece entre ansiedad y tartamudez”, explica Vico.

De hecho, existen estrategias eficaces que permiten a los afectados mejorar notablemente su fluidez para convivir con ella de forma más segura. “Una persona que tartamudea puede sentir la necesidad de trabajar su habla en cualquier etapa de su vida, pero es fundamental un diagnóstico diferencial e intervención precoces, para marcar la base del habla que se va a desarrollar”, explica la logopeda, quien hace hincapié en que “la detección precoz, dar a conocer las señales en la familia, escuela, pediatra... resulta la clave para poder dar respuesta cuanto antes a las necesidades de los peques que tartamudean”.

Asistencia on-line

Lo que sí ha marcado la pandemia es el cambio en la forma de relacionarse de profesionales y pacientes. Durante los últimos meses, las citas on-line se han convertido en una realidad a la que antes estaban poco acostumbrados, pero que quizá pueda convertirse en algo más habitual. “En mi opinión, las sesiones on-line son más o menos eficaces en función de muchos factores, edad, uso de pantallas y tecnología, acceso a herramientas tecnológicas de calidad... No obstante, los matices que se pueden apreciar en las sesiones presenciales creo que marcan la diferencia. Es cierto que la comunicación con las mascarillas pierde mucho, pero si hay que elegir prefiero presencial con mascarilla que las sesiones on-line”, reconoce la logopeda.