«Las repercusiones dermatológicas pueden seguir años después de sufrir un cáncer»

Las unidades de Oncodermatología tratan de prevenir las secuelas en la piel de los pacientes oncológicos

Azael Freites es coordinador de la Unidad de Oncodermatología del complejo hospitalario Ruber Juan Bravo de MadridLUIS DOMINGORUBER

Las repercusiones del cáncer en el organismo van más allá del órgano afectado, hasta el punto de que los problemas dermatológicos son uno de los más habituales en pacientes oncológicos. Por ello, entrevistamos a Azael Freites, coordinador de la Unidad de Oncodermatología del complejo hospitalario Ruber Juan Bravo de Madrid, quien nos da las claves para tratar estas secuelas con éxito.

1. ¿Cuáles son las repercusiones dermatológicas de los tratamientos oncológicos?

La Oncología Médica ha avanzado mucho. Las quimioterapias clásicas que se siguen usando, por ejemplo, en cáncer de mama, se asocian a la caída masiva del pelo, ya que el tratamiento afecta a todas esas células de rápido crecimiento del organismo, incluyendo a las células del folículo piloso. Las nuevas terapias «biológicas» se asocian con picor intenso, rash cutáneo de distintas características y se deben tratar según su tipo. Esto puede traer como consecuencia que el paciente oncológico o el oncólogo quiera suspender el tratamiento. Las repercusiones dermatológicas pueden persistir incluso años después del tratamiento, limitando la calidad de vida de los pacientes que ya han superado el cáncer. Para eso está la Oncodermatología, para paliar esos síntomas y para que el paciente pueda seguir con el tratamiento oncológico de una manera más satisfactoria, o para incluso mejorar su calidad de vida tras culminar su tratamiento oncológico.

2. ¿Qué síntomas aparecen?

Entre los más frecuentes se encuentran: pérdida de pelo (alopecia), cambio en la textura y densidad del pelo, resequedad y picor de la piel, rash cutáneo (manchas sonrosadas por pecho y espalda generalmente), dolor y despegamiento de las uñas, alteraciones en la sensibilidad de palmas y plantas, ardor y dolor en la boca que limita la alimentación. Los síntomas cutáneos más severos pueden ser reflejo en algunas ocasiones de la eficacia del tratamiento oncológico. Por ejemplo, estudios demuestran que algunas nuevas terapias biológicas o terapias dianas usadas en cáncer de colon o melanoma se asocian a mejor respuesta del tratamiento cuando los efectos cutáneos son más marcados. Sin embargo, estos síntomas se pueden aliviar para que el paciente pueda mantener el tratamiento que le está siendo efectivo contra su cáncer.

3. ¿Cuáles son las zonas más sensibles a esos tratamientos?

Dependiendo de la terapia. Con las quimioterapias clásicas se podría incluir manos, pies y cuero cabelludo; las nuevas biológicas y diana son más diseminadas en tronco y también tipo acné en cara y cuero cabelludo.

4. ¿Qué pacientes son más vulnerables?

Todo el que recibe terapias oncológicas puede padecer en distintos grados los efectos adversos de éstas. Sin embargo, se han publicado algunos estudios científicos que sugieren cierta predisposición genética para padecerlos con mayor intensidad. También, las enfermedades dermatológicas preexistentes se pueden agravar con las terapias oncológicas.

5. ¿Cómo pueden prevenirse estas manifestaciones?

Según el tipo de terapia oncológica y sus efectos adversos más frecuentes, se pueden usar tratamientos o técnicas para prevenirlos. Por ejemplo, en las pacientes con cáncer de mama que se van a someter a quimioterapia con taxanos, se puede usar un tipo de casco de enfriamiento del cuero cabelludo que reduce la captación de la quimioterapia por las células de los folículos pilosos y, por ende, el pelo no se ve afectado en alrededor del 50% de las usuarias. Por otra parte, los pacientes con cáncer de colon o pulmón que reciben «terapias diana» se pueden favorecer del uso de hidratantes apropiados y protección solar facial para prevenir el brote de lesiones tipo acné que se describe con frecuencia.

6. ¿Qué tratamientos dermatológicos suelen aplicarse?

Existen en el mercado distintos productos tópicos (cremas, geles, lociones) para prevenir y tratar los efectos adversos de las terapias oncológicas, pero de forma general, los tratamientos son personalizados según el tipo de piel y el grado de severidad del evento adverso que sufre el paciente. Sin embargo, en raras ocasiones es difícil controlar la severidad, lo que conlleva suspender el tratamiento oncológico que probablemente era efectivo contra el cáncer que padece el paciente. Uno de los objetivos de la Oncodermatología es prevenir la suspensión de tratamientos oncológicos paliando las alteraciones cutáneas tan pronto aparecen los síntomas.

7. ¿Estas manifestaciones tienen cura o pueden convertirse en crónicas?

Sí, pueden ser controladas incluso curadas en las fases agudas o durante el tratamiento. La cronicidad de los eventos adversos son unas de las condiciones más temidas por los pacientes y desconocidas de forma general por el personal sanitario, las cuales pueden afectar a entre tres y cinco de cada 10 pacientes con tumor. Después de superar el cáncer, los pacientes pueden padecer alteraciones crónicas, como por ejemplo la alopecia persistente tras la quimioterapia o radioterapia, incluso alopecia por las terapias endocrinas. Desde la Unidad de Oncodermatología del Hospital Ruber Juan Bravo hemos participado en estudios científicos sobre este tema, y demostrado que algunas terapias pueden ser de gran utilidad para mejorar la severidad de la alopecia persistente tras la quimio.

8. ¿Cómo funciona la Unidad de Oncodermatología?

Presta servicios de forma rápida a los pacientes que presentan eventos adversos agudos o crónicos de las terapias oncológicas y ofrece recomendaciones personalizadas de tratamientos preventivos en casos de reciente diagnóstico de cáncer.

9. ¿Qué profesionales hay?

Un equipo multidisciplinar de dermatólogos presta servicios según las necesidades de cada paciente, bajo mi dirección, especializado en Oncodermatología.

10. ¿Cuándo debe iniciarse este seguimiento oncodermatológico?

El escenario ideal sería que el paciente oncológico visite al dermatólogo antes del tratamiento para recibir orientación de cuidados y prevención de los probables eventos adversos dermatológicos. Además, durante el tratamiento, se pueden hacer revisiones si es que el paciente o el personal sanitario que lo trata nota alguna alteración de la normalidad de la piel, del pelo, de las uñas o las mucosas. Incluso, años después del tratamiento oncológico, por ejemplo, de la radioterapia, los pacientes deberían ser evaluados por un especialista en oncodermatología, ya que pueden aparecer alteraciones tardías como consecuencias de estas terapias.