Así hay que actuar con un niño prematuro los seis primeros años

Los bebés prematuros se enfrentan a dificultades que pueden detectarse a tiempo gracias a programas de seguimiento neuropsicológico

Alrededor del 6% de los recién nacidos llegan al mundo antes de la semana 37 de gestación
Alrededor del 6% de los recién nacidos llegan al mundo antes de la semana 37 de gestaciónCIPRIANO PASTRANO

Uno de cada diez niños que nacen el mundo es prematuro, una cifra que también se da en nuestro país, donde alrededor del 6% de los recién nacidos llegan al mundo antes de la semana 37 de gestación. Por suerte, el avance de la Medicina permite que la gran mayoría de ellos sobreviva, incluso cuando se trata de aquellos que nacen por debajo de la semana 30 de embarazo. En estos casos, los primeros días de atención especializada en las Unidades de Cuidados Intensivos de Neonatología se convierten en claves para evitar posibles secuelas a largo plazo, pero la monitorización debe ir mucho más allá.

Consciente de ello, el Hospital Quirónsalud Córdoba ha puesto en marcha un programa de seguimiento neuropsicológico de neonatos de carácter multidisciplinar en el que participan el Servicio de Psicología Clínica, pero también especialistas de Pediatría, Neurología o cualquier otro Servicio necesario. «El fin es ofrecer un abordaje integral del recién nacido y el seguimiento en su desarrollo psicoevolutivo desde su nacimiento hasta los seis años de edad con el objetivo de revisar su maduración y su desarrollo», aseguran Ana Belén Pistón y Marta Hernández, neuropsicólogas del Servicio de Psicología Clínica del Hospital Quirónsalud Córdoba.

El programa persigue, a modo de prevención, la detección precoz de signos de alarma con el fin de llevar a cabo una posterior actuación que minimice los déficits encontrados y potencie el máximo desarrollo del pequeño. De esta manera, la primera revisión se produce entre la tercera y cuarta semana de vida del pequeño, con el objetivo de conocer la adaptación tras el alta y realizar una valoración neuropsicológica del desarrollo del recién nacido. Posteriormente, durante el primer año de vida se deben realizar dos o tres revisiones para identificar posibles señales de alarma, mientras que el segundo año las revisiones son semestrales y a partir de los tres, éstas pasan a ser anuales hasta los seis años. «La valoración de las áreas del desarrollo (cognitiva, comunicación y personal-social) en esta primera etapa del niño nos permite localizar la existencia de anomalías. La detección de retraso en la adquisición de habilidades conllevaría la necesidad de realizar estudios más completos que determinen la causa de ese retraso», aseguran las expertas.

Con frecuencia, tal y como aseguran las neuropsicólogas, «encontramos niños que tras varias valoraciones presentan signos que nos alertan de posibles trastornos del espectro autista, síndromes genéticos, retrasos madurativos, encefalopatías, etc. Este seguimiento, que revisa conductas observables, nos dice cuándo algo no va bien en el niño y requiere de la inclusión en el Programa de Atención Temprana para intervenir esas dificultades encontradas».

Así, una vez diagnosticado, se ofrece la posibilidad de que el menor se integre en un programa de estimulación temprana, donde se desarrolla una intervención directa con el niño mediante la realización de actividades desde su nacimiento hasta los seis años. «La detección precoz es fundamental para buscar las causas y comenzar la estimulación, consiguiendo el máximo desarrollo del menor. Es en estos primeros años cuando se produce la mayor “plasticidad cerebral” formando interconexiones y redes neuronales con toda la información nueva que el niño recibe, quedando patente la importancia de la exposición a estímulos y a ambientes enriquecedores. En este sentido, el tiempo apremia, la intervención de forma precoz aumenta los logros del niño», advierten las especialistas. Por ello «a los menores que presentan un desarrollo atípico se les proporciona una estimulación adecuada para la adquisición de habilidades deficitarias. Esta intervención Neuropsicológica permite determinar si el menor tiene adquirida una habilidad o no, y con materiales educativos conseguir su adquisición y consolidación, promoviendo el máximo desarrollo posible», concluyen.