El desconocido síntoma que puede alertar del Parkinson antes de que se manifieste

Las personas mayores que tienen pesadillas recurrentes de manera habitual tienen el doble de posibilidades de desarrollar la enfermedad

El Parkinson es una enfermedad neurodegenerativa difícil de prevenir
El Parkinson es una enfermedad neurodegenerativa difícil de prevenir FOTO: DREAMSTIME DREAMSTIME

El Parkinson es una enfermedad degenerativa del sistema nervioso que afecta el movimiento. Los síntomas comienzan de forma gradual, con un pequeño temblor en una mano apenas imperceptible, que con el tiempo se acentúa. La enfermedad provoca rigidez en la musculatura y una disminución del movimiento. En las etapas iniciales de la enfermedad el rostro puede tener una expresión leve o nula, es posible que los brazos dejen de balancearse al caminar y el habla pasa a ser suave primero e incomprensible después.

A pesar de que el Parkinson no tiene cura, se han logrado fármacos que logran mejorar notablemente los síntomas, que combinado con determinadas actividades como el deporte y el ejercicio mental ayudan a ralentizar la enfermedad.

Debido a que no hay forma de adelantarse a la aparición de la enfermedad, es muy importante encontrar algunos síntomas que puedan alertar a los médicos para poder poner un tratamiento que “frene” el avance del proceso degenerativo.

Según un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Birmingham (Reino Unido), los adultos mayores que comienzan a experimentar malos sueños o pesadillas podrían estar mostrando los primeros signos de Parkinson. El trabajo, publicado en la revista “eClinicalMedicine”, hizo un seguimiento durante 12 años a un grupo de pacientes y determinó que los que experimentaban malos sueños frecuentes tenían el doble de probabilidades de ser diagnosticados posteriormente con Parkinson que los que no lo hacían.

Anteriormente, varios estudios habían corroborado que el Parkinson provocaba a los pacientes pesadillas y malos sueños con más frecuencia que a la población en general.

El autor principal, el doctor Abidemi Otaiku, del Centro para la Salud del Cerebro Humano de la Universidad, apunta que, “aunque puede ser realmente beneficioso diagnosticar la enfermedad de Parkinson de forma temprana, existen muy pocos indicadores de riesgo y muchos de ellos requieren costosas pruebas hospitalarias o son muy comunes e inespecíficos, como la diabetes”.

“Aunque tenemos que llevar a cabo más investigaciones en este ámbito, identificar el significado de los malos sueños y las pesadillas podría indicar que los individuos que experimentan cambios en sus sueños en la edad avanzada -sin ningún desencadenante obvio- deberían buscar consejo médico”, añade.

Pesadillas recurrentes por el Parkinson

El equipo utilizó datos de un gran estudio de cohortes de Estados Unidos, que contenía datos durante un periodo de 12 años de 3.818 hombres mayores que vivían de forma independiente. Al principio del estudio, los hombres completaron una serie de cuestionarios, uno de los cuales incluía una pregunta sobre la calidad del sueño. Los participantes que informaron de pesadillas al menos una vez a la semana fueron seguidos al final del estudio para ver si eran más propensos a ser diagnosticados con la enfermedad de Parkinson.

Durante el período de seguimiento, se diagnosticaron 91 casos de Parkinson. Los investigadores descubrieron que los participantes que tenían pesadillas frecuentes tenían el doble de probabilidades de desarrollar la enfermedad en comparación con los que no los tenían. La mayoría de los diagnósticos ocurrieron en los primeros cinco años del estudio. Los participantes con malos sueños frecuentes durante este período tenían más de tres veces la probabilidad de desarrollar Parkinson.

Los resultados sugieren que los adultos mayores que algún día serán diagnosticados con Parkinson son propensos a comenzar a experimentar malos sueños y pesadillas unos años antes de desarrollar los rasgos característicos del Parkinson, incluyendo temblores, rigidez y lentitud de movimiento.

El estudio también muestra que nuestros sueños pueden revelar información importante sobre la estructura y el funcionamiento de nuestro cerebro y pueden resultar un objetivo importante para la investigación neurocientífica.

Los investigadores tienen previsto utilizar la electroencefalografía (EEG) para estudiar las razones biológicas de los cambios en los sueños. También tratarán de reproducir los resultados en cohortes más amplias y diversas, y explorarán los posibles vínculos entre los sueños y otras enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer.

A pesar de este avance, no quiere decir que una persona con pesadillas vaya a desarrollar la enfermedad. Las pesadillas son sueños perturbadores relacionados con sentimientos negativos, ansiedad o miedo... Si son ocasionales, no hay motivo para la preocupación. De hecho, los niños de 3 a 6 años comienzan a tener pesadillas de forma habitual, que suelen remitir después de los 10 años.

Después, las mujeres suelen tener más pesadillas que los varones y cuando se llega a la edad adulta pueden continuar fruto del estilo de vida, estrés laboral, familiar, personal etc... Pero también como consecuencia de un accidente (estrés postraumático) o lesión, la privación del sueño o cambios de horario, la ingesta de algunos medicamentos (antidepresivos, para la presión arterial, betabloqueantes o fármacos para dejar de fumar), el abuso de sustancias tóxicas como el alcohol y las drogas o simplemente por haber visto una película de miedo.

En cambio, cuando los adultos mayores comienzan a tener pesadillas de forma habitual, sí es momento de acudir a un médico especialista para tratar de saber si están ocasionadas por el Parkinson.

Parkinson, un trastorno neurodegenerativo crónico y progresivo

Según explica la Federación Española de Parkinson, la enfermedad “es un trastorno neurodegenerativo que afecta al sistema nervioso de manera crónica y progresiva. Es la segunda enfermedad más prevalente en la actualidad después del Alzhéimer y pertenece a los llamados Trastornos del Movimiento”.

Se conoce como enfermedad de Parkinson en referencia a James Parkinson, el doctor que la describió por primera vez en 1817 en su monografía “Un ensayo sobre la parálisis agitante (An essay on the shaking palsy)”.

El Parkinson se caracteriza por la pérdida (o degeneración) de neuronas en la sustancia negra, una estructura situada en la parte media del cerebro. Esta pérdida provoca una falta de dopamina en el organismo, una sustancia que transmite información necesaria para que realicemos movimientos con normalidad. La falta de dopamina hace que el control del movimiento se vea alterado, dando lugar a los síntomas motores típicos, como el temblor en reposo o la rigidez.

La edad es un claro factor de riesgo, lo más común es que la enfermedad inicie entre los 50-60 años. Así, la prevalencia aumenta exponencialmente a partir de la sexta década de vida. Cuando aparece antes de los 50 años, se denomina Parkinson de Inicio Temprano.

El 90% de los casos de Parkinson no se deben a una alteración genética concreta. No obstante, se estima que entre el 15% y el 25% de las personas que tienen la enfermedad cuentan con algún pariente que la ha desarrollado.

Algunos estudios apuntan como factor de riesgo el consumo continuado a lo largo de los años de agua de pozo o haber estado expuesto a pesticidas y herbicidas.

Problemas asociados al Parkinson

Una vez que la enfermedad se ha comenzado a desarrollar, se producen una serie de efectos secundarios que, según la Asociación Parkinson Madrid afectan al organismo de varias formas:

  • Dolores musculares o articulares.
  • Fatiga, agotamiento, cansancio crónico.
  • Estreñimiento.
  • Falta de control de la orina (incontinencia).
  • Problemas sexuales: falta de deseo sexual, impotencia o frigidez; o todo lo contrario: excitación excesiva o eyaculación retardada o retrógrada.
  • Trastornos depresivos y aislamiento social.
  • Sudoración excesiva y crisis de seborrea.
  • Trastornos respiratorios.
  • Trastornos de la deglución (se traga mal y solo semi-líquidos).
  • Trastornos oculares: sequedad de ojos, picor, visión doble, falta de enfoque visual.
  • Enlentecimiento de las funciones psíquicas (bradifrenia).

¿Cómo se detecta el Parkinson?

Al principio de la enfermedad no es nada fácil de diagnosticar porque los síntomas son leves, poco específicos y pueden llevar a confusión. La primera fase del Parkinson no suele presentar todos los síntomas corrientes y típicos, por ejemplo el temblor y la rigidez. De hecho, los síntomas más habituales son dolores articulares pseudo-reumatológicos, cansancio (que se suele achacar al exceso de trabajo), arrastrar un pie, dificultades al escribir (letra pequeña e ilegible) o cuadro depresivo de larga duración.

Generalmente, el paciente visita a diferentes especialistas y no mejoran sus problemas, por lo que se descartan las enfermedades comunes (reuma, circulatorio, estrés, etc.) y se piensa ya en los trastornos menos conocidos (neurológicos). Se suelen hacer pruebas altamente tecnificadas y no suelen aparecer signos anormales (se descartan procesos tumorales cerebrales, micro-derrames o trombosis, etc.). El SPECT es la prueba de neuroimagen que visualiza los transportadores presinápticos de la dopamina y los receptores postinápticos, y evalúa la integridad del sistema nigroestriado.