Schwarzenegger: «No me interesa la fama ni el dinero, ya tengo suficiente de todo»

Regresa uno de los héroes de los ochenta. Y lo hace con una historia a su medida: interpretando a un sheriff que se enfrentara a todo un cartel del narcotráfico.

El actor, en una trepidante escena de su nueva película
El actor, en una trepidante escena de su nueva película

Aunque tuvo un pequeño papel en la primera y segunda parte de «Los mercenarios», las apariciones en la gran pantalla de Arnold Schwarzenegger han sido pocas.

Aunque tuvo un pequeño papel en la primera y segunda parte de «Los mercenarios» de la mano de su amigo Sylvester Stallone, las apariciones en la gran pantalla de Arnold Schwarzenegger han sido pocas desde que entrara en la escena política de EE UU. Hace escasos días, protagonizaba uno de los momentos más divertido de la gala de los Globos de Oro. Junto a «Rambo», le entregó a Michael Haneke el premio a la mejor película en lengua extranjera por «Amor», con el que comparte nacionalidad: «Nunca pensé que un austríaco me daría un premio en Hollywood», bromeó el director al recoger el galardón de manos de Schwarzenegger. Ahora regresa con «El último desafío» la película que marca su regreso al cine como protagonista después de ocho años dedicado por completo a la política como gobernador de California, cargo que abandonó en 2011.

Más astucia que músculos

Dirigida por Kim Ji-woon, Schwarzenegger comparte protagonismo con Eduardo Noriega y Forest Whitaker. Su personaje no está muy lejos de la realidad que puede haber vivido al final de su carrera política, ya que en «El último desafío» encarna al sheriff Ray Owens, que ya piensa en retirarse cuando su pequeña ciudad en la frontera con México se ve amenazada por un peligroso cartel que lidera Gabriel Cortez (Noriega), que se escapa del FBI. Ya no es el héroe de antaño que tiene en la potencia física su principal virtud, sino un soldado de la ley curtido en mil batallas, que vale más por su astucia, que por ninguna otra cosa. El político concedió una entrevista a LA RAZÓN donde nos habla sobre su vuelta al cine y sus próximos proyectos.

-¿Cómo se siente al regresar a la gran pantalla?

-¡Muy bien! He trabajado con un director que tiene mucho talento. Sabe como traducir su pasión y su energía: me explicó cada una de las escenas. Hemos desarrollado una gran relación profesional y personalmente estoy contento con el resultado.

-Imagino que al pisar de nuevo un set de rodaje habrá sentido una especie de «déjà vu».

-La verdad es que ha sido bastante diferente a como fue hace años. La única referencia que tenía era la de «Los mercenarios»; fueron sólo cuatro días y era más un calentamiento que otra cosa. Después de este cameo viajé a Nuevo México para empezar a rodar. Actuar es como montar en bicicleta si lo has hecho una vez puedes hacerlo de nuevo y estar listo en muy poco tiempo. Pero lo realmente interesante son los cambios que puede dar tu vida: un día estaba en Sacramento con 120 legisladores tratando de llegar a un acuerdo de veinte millones de dólares sobre el sistema de transporte y al mes siguiente me encontraba en un rodaje intentando matar a una docena de villanos. Ese cambio, ese contraste, fue muy interesante para mí.

-El sheriff que interpreta en la película es lo más cercano que ha estado de encarnar a un cowboy. ¿Cómo se siente al respecto?

-Soy consciente de que se dice eso, pero yo no lo he interpretado así. Se trata de un sheriff con un equipo raquítico de tres personas que trabajan con él en su oficina. De pronto ve que la ciudad queda invadida por veinte o treinta de los peores bandidos y se siente sobrepasado por las circunstancias. El personaje no es un cowboy, sino un sheriff moderno. Aunque pueda parecer un western, yo creo que no lo es.

-Uno de sus temas centrales es el del funcionamiento de los carteles de la droga en México. ¿Qué opina sobre la actuación en la frontera con este país vecino?

-Tenemos que hacer todo lo que esté en nuestras manos para eliminar dicho problema; es un enorme reto y personalmente creo que Calderón ha hecho un gran trabajo enfrentándose a los narcotraficantes, tratando de eliminarles. En todo caso, se trata de un problema que existe desde hace mucho tiempo y no creo que se solucione de una administración a otra. Nosotros somos los culpables porque fuimos los que les dimos las armas y somos nosotros lo que compramos las drogas. De hecho, deberíamos sentirnos culpables. Lo que hay que hacer es trabajar mano a mano con México.

-¿Tuvo que entrenarse físicamente para preparar este personaje?

-Siempre. En primer lugar, hago ejercicio todos los días, pero, aunque entreno a diario, para el filme tuve que entrenarme de manera extraordinaria para las escenas de acción.

-¿Cree que es importante mantenerse físicamente activo?

-En mi caso, como digo, he hecho ejercicio toda mi vida y continúo entrenando. Cuando empecé el rodaje decidí intensificar mi trabajo en el gimnasio.

-Usted ha destacado en muchos campos. Empezó con el culturismo, después se dedicó a la interpretación y, de ahí, pasó a la política. ¿Le gusta la idea de ser un pionero?

-He tenido mucha suerte porque tuve la oportunidad de desarrollarme en ámbitos muy diversos. Reconozco que soy una persona hambrienta de experiencias. El culturismo supuso una gran oportunidad para dar el salto al cine y la interpretación. Después se produjo una fase diferente, cuando me convertí en un hombre de negocios. Eso acabó despertando mi interés por ser miembro de la administración política. Me siento satisfecho de haber trabajado en todas estas actividades porque me han permitido aprender muchísimo.

-Cuando está en un rodaje, ¿cómo consigue que los actores jóvenes estén tranquilos a su lado?

-No me veo a mí mismo como una estrella, sino como cualquier otro actor que ha rodado muchas películas. Cuando estoy en un rodaje todos estamos en el mismo barco. No me importa trabajar con una joven estrella o un consagrado; trato a todos igual y espero que la gente me trate a mí con el mismo respeto. Lo más importante siempre es la película y que el resultado sea satisfactorio para todos.

-¿Cuál piensa que es la razón por la que el público siempre tiene interés por las películas de Arnold Schwarzenegger?

-La verdad es que en el cine sólo he tenido experiencias positivas. Basta fijarse en el resultado de «Los mercenarios»: el público gritaba mi nombre cuando aparecía en escena; también se reían. Creo que mis seguidores están contentos porque he regresado y, sinceramente, yo también estoy feliz por haberlo hecho. En estos ocho años en los que he estado dedicado a la política y a los negocios no hubo un solo día en el que no echara de menos mi trabajo en el cine. Afortunadamente, la gente me ha aceptado y, por supuesto, espero que les guste la película.

-¿Está dispuesto a rodar dos y tres al año como hacía en el pasado?

-No, no quiero hacerlo. Vengo dispuesto a hacer una o tal vez dos filmes al año como máximo. No estoy interesado en hacerme más famoso, ya lo soy. Tampoco me interesa el aspecto económico porque ya tengo suficiente dinero. Sólo quiero participar en proyectos interesantes y trabajar con buenos directores, bien en películas pequeñas o en grandes producciones. Esto no es algo que marque la diferencia. Disfruto con mi profesión de actor.

-¿Qué le llevó a contar la historia de su vida en un libro?

-Es algo que me llevan pidiendo desde hace veinte años. Después de terminar mi trabajo como gobernador pensé que era el momento adecuado para escribir una autobiografía. Tengo una historia muy interesante que contar. Mi vida es única y creo que puede inspirar a mucha gente. Por esto decidí escribir el libro.

-¿Cuales son sus planes para el futuro?

-Sencillamente, seguir rodando películas.