El precio de la influencia

La influencia en Instagram, la red por excelencia de los prescriptores de nuestro tiempo, tiene un precio. Se paga y se cobra en todos los sentidos. Muchos «influencers» se han hecho ricos y otros han acabado muertos

Fuente: HypeAuditor, Forbes
Fuente: HypeAuditor, ForbesT. Nieto

De cuando en cuando, la red social Instagram se paraliza de miedo. Unos y otros empiezan a extender los rumores de que los dueños han cambiado el «algoritmo» y que no hay quien se haga con él. Los «influencers» empiezan a ver cómo sus publicaciones bajan en número de «likes», sus seguidores no aumentan y, por extensión, sus bolsillos se vacían. Es la nueva profesión de riesgo, la que te mantiene en vilo pero con la que te puedes hacer de oro prácticamente sin moverte de casa. Un oficio que, más allá de la anécdota, ha terminado ya con la salud mental e incluso con la vida de los que tratan de ejercerlo, muchos de ellos jóvenes aún a medio hacer que acaban siendo incapaces de llevar el precio de una fama que se han cultivado a base de «followers».

La última víctima mortal del universo Instagram ha sido la modelo británica Madalyn Davis, de 21 años, que cayó el pasado 13 de enero por un acantilado en Sidney (Australia), después de haber pasado la noche de fiesta y cuando trataba de hacer la foto perfecta del amanecer para su legión de decenas de miles de fans. Es cierto que esta muerte fue del todo accidental, pero en los últimos años hemos sido testigos de dramas de jóvenes prescriptores que acababan en suicidio porque no podían soportar la presión y terminaban cediendo ante un enorme malestar. En 2017, por ejemplo, causó un gran impacto en nuestro país la muerte de la instagramer y modelo Celia Fuentes, una joven de 27 años de edad cuyo padre encontró ahorcada con una sábana en su domicilio de Madrid. Otros, los que tuvieron más suerte, lograron bajarse a tiempo de la noria narcisista y alguno de ellos incluso escribió un libro explicando los sinsabores de la influencia virtual.

Esta avalancha de trastornos mentales provocados, en gran parte, por la angustia y la compulsión que provocan la constante comparación de tu (in)felicidad, ha llevado a Instagram a crear su propio mecanismo de ayuda. Una especie de botón del pánico. Si buscas los hashtag «ansiedad» o «depresión», serás redirigido a un página en la que te preguntan cómo pueden ayudarte.