Entrevista: «Es como si nos dijeran: no te preocupes que hay un león al otro lado de la puerta»

Timanfaya Hernández/ Psicóloga forense y sanitaria

Hoy, que cualquier mínima tos dispara las alertas, es el momento perfecto para respirar hondo y aportar un poco de calma. Para ello hemos entrevistado a Timanfaya Hernández, psicóloga sanitaria y forense, codirectora del Centro Globaltya Psicólogos y docente del Máster en Psicología Forense en la Universidad Rey Juan Carlos. Hernández aporta un punto de razón en un momento en el que es obvio que resulta necesaria.

«Una de las sensaciones que más miedo causa es no saber qué va a ocurrir, la incertidumbre – nos explica en conversación telefónica–. Entonces llega el miedo que activa los mecanismos de supervivencia. Si no somos capaces de predecir, depositamos la confianza en el escalón superior, como en este caso en las autoridades sanitarias. Por eso si “Papá sanitario” te dice que no sabemos cómo controlar esto…».

–Está claro que hay dos mecanismos de contagio, uno propio del virus y otro vinculado al miedo y al desconocimiento o la mala información. Hernández coincide en este último aspecto.

–A pesar de que las autoridades sanitarias dicen que están ocupándose, que es un virus muy similar a la gripe, que es mortal en cierta población con enfermedades concomitantes, al mismo tiempo hemos puesto una alerta máxima con una amenaza tan grave como la muerte. De este modo, el mensaje de calma se mezcla con otros que son incongruentes, como el constante conteo de muertos que se hace en los medios y que informan las autoridades. Es volver a tener la amenaza de la muerte y la situación de descontrol. Es como si nos dijeran «No te preocupes que hay un león fuera, del otro lado de la puerta», pero cada vez que te acercas a la puerta, nos dicen «Menudo rugido, el león tiene hambre». Pues la verdad es que no parece que tengamos al bicho muy controlado, no?.

–La clave entonces es cómo se transmite la información, la elección de palabras y el contexto. Algo que no solo es válido para los medios, sino también para lo que ocurre en el hogar. ¿Cuál es el primer error y cómo podemos evitarlo?

–Esa información en conteo no es algo que suceda en otras situaciones. Hay muchas situaciones similares, de amenaza de muerte, como por ejemplo en cáncer o la gripe estacional, pero no se habla de este modo, con un conteo constante de los muertos. Y de hecho, ese mecanismo de contar las muertes, lo usamos cuando de verdad queremos llamar la atención, por ejemplo en las campañas de la DGT. Y es que ante dos mensaje incongruentes, como la calma y la muerte, nuestra mente se centra en aquel que tiene mayor urgencia.

–¿Qué ocurre con los medios? ¿Cómo podemos mejorar el modo en el que envíamos los mensajes a los lectores?

Hernández no ahorra en anestesia y dispara al centro del problema.

–Los medios de comunicación tienen la obligación de transmitir los datos, pero de forma más escueta, más precisa, eliminando los factores que pueden condicionar de forma negativa. Es verdad que el virus está en España, que está en Madrid y que las autoridades sanitarias han hecho tal comunicado… pero solo hablar de la parte necesaria, evitar el descontrol. La información debe ser más concreta, midiendo los adjetivos y los tiempos. Si seguimos diciendo lo mismo, la alerta seguirá. Otro tema importante es que el lenguaje condiciona nuestro pensamiento: pandemia, epidemia, muerte, virus… esas palabras ya están condicionadas a una emoción negativa. No podemos intentar transmitir una noticia positiva si usamos ese tipo de lenguaje. Esto no se frenara hasta que la situación se maneja de forma diferente».

–¿Qué ocurre en el hogar entonces? ¿Cómo manejamos la información que reciben nuestros hijos al escuchar a los medios, en la calle, en el colegio…?

–Con los niños pasa igual, no hay que ocultar información, pero tampoco darla de forma exagerada, tiene que ser adecuada al nivel cognitivo. Hay que ser muy concisos. «Vamos a lavarnos las manos», pero todos nos lavamos las manos. Lo que no hay que decirle es que no se acerque a los compañeros, porque al final el niño, no sabe manejar esa información y lo que ocurre es que niños y niñas de otras comunidades o que han estado de viaje, viven en situaciones de rechazo. Y aquí es cuando empieza el problema. Del mismo modo que es muy fácil instalar el miedo y muy complejo regresar a la calma, crear una situación de rechazo es muy sencillo, pero revertirlo es muy arduo. Tengamos cuidado de no crear situaciones más tensas que perduran más en el tiempo.

–Ya hemos pasado el Ébola, la gripe aviar, se ha ido el SARS y ahora COVID-19. En unos años volveremos a enfrentarnos a otro desafío más. ¿Qué podemos aprender?

–Podemos aprender que el hecho de estar vivo tiene unos riesgos, siempre puede aparecer algo que nos pondrá en jaque. Afortunadamente tenemos muchos medios y podemos controlar algunos, pero no podemos controlar todo y cada cierto tiempo habrá algo en nuestra vida que nos pondrá en tensión. En este estado de bienestar no soportamos la incertidumbre y ante cualquier situación nos venimos abajo. Afortunadamente vivimos en una sociedad que tiene muchos mecanismos que nos permiten vivir y muy bien y cada tanto aparece algo que nos desafía. Tenemos que saber que eso va a pasar. Creo que las personas más inteligentes son aquellas que son capaces de tolerar más la incertidumbre.