¿Dónde han ido todos?

Cada año, más de 18 millones de británicos eligen España para sus vacaciones. Hasta que llegó el coronavirus, una población del tamaño de Chile se instalaba todos los veranos entre nosotros

Llevaban décadas entre nosotros. Cada año, sobre todo en los meses de verano, cerca de 18 millones de seres llegados de Reino Unido se repartían por nuestras playas para tratar de coger un bronce que, como mucho, acababa en rojo, disfrutar del sol, beber cerveza, comer chopitos... Vivir la vida, al fin y al cabo. Pero este año, pandemia mediante, el primer ministro británico, Boris Johnson, ha dado al traste con las mejores semanas del año que sus compatriotas suelen pasar en España. La decisión de imponer la cuarentena a todo el que regresara de parte de este particular político cogió a todo el mundo por sorpresa el pasado 26 de julio. Tanto es así, que dos de los ministros de su Gabinete estaban pasando ese día al sol en algún lugar de Canarias. Y más de 600.000 nacionales se relajaban en alguna de nuestras playas en ese momento preciso.

El paso de Johnson, que tantísimo ha escocido al sector turístico que trataba de levantar cabeza en un año terrorífico, se explica, según diversos analistas, con el argumento de que está tratando de liderar la crisis, ponerse al frente para ganar algún punto desde el punto de vista de la popularidad. Él, que primero fue un negacionista, después un afectado directo por la enfermedad que acabó ingresado en el hospital para, finalmente, acabar reconociendo que es lo peor que le ha pasado a Reino Unido desde la Segunda Guerra Mundial, siempre ha ido con la lengua fuera en la respuesta a la pandemia. Siempre con un par de semanas de retraso.

Sea como fuere, esta decisión apunta a la línea de flotación de la economía española. Los hay que, incluso, lo han relacionado con lo que está ocurriendo en Gibraltar, donde el Gobierno de Pedro Sánchez ha sentado al ministro principal del Peñón, Fabián Picardo, en la mesa de diálogo como si se tratara de un actor político de igual nivel. También cabe la posibilidad, echando un vistazo a las fotos de las playas inglesas, abarrotadas pese a la falta de infraestructura, que haya tratado de impulsar el turismo nacional porque allí parecen haber ido todos. Y con el inefable Johnson uno nunca sabe...