“Hay que planificar a 10 años, si no ya vamos tarde”

Jesús Díez Manglano, vicepresidente de la Sociedad Española de Medicina Interna (SEMI), charla con LA RAZÓN sobre la situación de los médicos especialistas en esta crisis sanitaria

– ¿Cree que es un número suficiente o hay déficit?

– Es un número estable pero dependemos, como otras especialidades, de la política sanitaria. Además, las condiciones contractuales son malas. Debe hacerse una planificación a 10 años. Si no ya vamos tarde. Ahora la política de recursos humanos en el sistema público sanitario debería mirar a 2030 porque el estudiante que empieza y que acaba como médico especialista necesita seis años de carrera y cuatro de especialidad.

– Una encuesta que ha realizado su asociación entre los MIR internistas da unos resultados que invitan a la reflexión.

– Cuando hay una crisis se te pasa por la cabeza de todo, como ese dato de que uno de cada seis MIR internistas se han planteado incluso dejar la medicina por las condiciones en las que trabaja. En la primera ola faltaban equipos de protección y los que había eran de mala calidad. Trabajaron muchas horas extra, no tuvieron vacaciones, en fin, muchos condicionantes que provoca que a veces se piense en abandonar. Y también tuvieron que adoptar responsabilidades que no les competía.

– Y en mitad de una pandemia...

– Yo mismo me contagié. Preguntamos entre nuestros asociados y un tercio lo había tenido, un tercio no y el otro ni lo sabía porque no se habían hecho la prueba. Aunque sea mi equipo no puede ser que los jugadores del Zaragoza se hicieran las pruebas al empezar la crisis y los internistas aragoneses tuvieran que esperar dos meses.

– ¿Qué supone la pandemia para sus asociados?

– Se ha convertido en una enfermedad crónica más aunque comenzó como aguda masiva. Ha entrado de lleno en nuestra especialidad como la diabetes o la artritis. Nosotros podemos aportar nuestra visión global.

– ¿Cómo se enfrentaron a la primera ola?

– Como en el símil taurino: «¡Salid al ruedo y a torear!». Hasta el 85% de los pacientes con coronavirus fueron atendidos también por internistas porque no todos fueron a la UCI. Tuvimos que aprender sobre la marcha. La actualización de conocimientos era permanente, muchas veces gracias a nuestros grupos de wasap.

– ¿Cómo afrontan esta segunda ola?

– Cuando acabó la primera se necesitaba un descanso tras tantas guardias, las horas extra, sin vacaciones... El descanso síquico era el más importante porque la incertidumbre es lo que peor llevamos los médicos. Se sabe que todos morimos pero no saber qué hacer contra una enfermedad como el coronavirus desgasta mucho, más incluso que el aspecto físico.

– ¿Cómo lo afronta usted?

– Yo soy de Aragón. Y ya comprobé de primera mano que en julio llegaron los temporeros de la fruta y empezó allí la segunda ola delante de mis ojos. Pero ahora hay una diferencia. En la primera todo el personal sanitario se tiró de cabeza a hacer su trabajo y a ayudar a los compañeros de otras especialidades, pero ahora notamos que los intensivistas, neumólogos e internistas estamos un poco más solos.

– ¿La huelga del día 27 fue un punto de inflexión ante el decreto del Gobierno de medidas urgentes para «crear» 10.000 plazas de médico?

– Que un médico tenga que ejercer de manera forzada una especialidad que no es la suya está mal, pero peor es que médicos ejerzan una especialidad sin estar homologados. Un internista viene de otro país con una carrera de sólo tres años. En España damos una formación fantástica y al final se acaban yendo a otro país porque les pagan más y aquí importamos médicos de los que desconocemos su profesionalidad.