Salud

Coronasomnia o por qué la fatiga pandémica no nos deja dormir

La duración de la crisis sanitaria, los confinamientos y la propia Covid-19 están dejando un rastro de insomnio y problemas de sueño que, según estiman los expertos, aún tardará en desaparecer.

Los índices de insomnio se han incrementado de un modo tan llamativo a causa de la vida en pandemia que los especialistas ya han acuñado un término para definirlo: Coronasomnia.
Los índices de insomnio se han incrementado de un modo tan llamativo a causa de la vida en pandemia que los especialistas ya han acuñado un término para definirlo: Coronasomnia.MARMOTA

Los especialistas de las Unidades de Sueño saben que los periodos de crisis e incertidumbre quitan el sueño a mucha gente. Parece obvio que nuestro descanso diario se vea afectado por las inquietudes y problemas de la vida diurna, pero la relación causa- efecto puede extenderse mucho más allá, e incluso llegar a cronificarse. Durante la crisis económica de 2008 (que se prolongó hasta bien entrado 2011) la mitad de la población sufrió insomnio. Según los datos de un informe realizado por la Sociedad Española para el Estudio de la Ansiedad y el Estrés (SEAS), entre el 16 y el 25% de los españoles tuvieron problemas para conciliar el sueño tres noches o más noches a la semana.

La fatiga pandémica, los confinamientos y la propia Covid-19 han vuelto a “convocar” al insomnio, un problema que va mucho más allá de pasar las noches en blanco. “Cuando dormimos menos de lo que necesitamos, sea por la razón que sea, se dan una serie de consecuencias como la somnolencia o la capacidad para pensar con claridad, también afecta a nuestro estado de ánimo y a nuestra salud física. Dormir menos de lo necesario puede producir enfermedades crónicas, por ejemplo, diabetes”, explica Elia Usieto, psicóloga de la Unidad de Neurofisiología y Alteraciones del Sueño del Hospital MAZ, de Zaragoza. “La fatiga pandémica conlleva un aspecto negativo y es que la ciudadanía deja de buscar información relacionada con la Covid-19 y, además, se produce una relajación con las medidas necesarias para prevenirla. Muchas personas dejan de cumplir las medidas como hacían al principio”, advierte la Dra. Olga Mediano, neumóloga y coordinadora del Área de Apnea del Sueño de la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (SEPAR).

Con motivo del Día Internacional del Sueño, que se celebra hoy bajo el lema “Sueño regular para un futuro saludable”, analizamos las claves de la complicada relación entre la pandemia y los problemas para dormir.

“Coronasomnia”

“Coronasomnia” o “Covid-somnia” (del inglés, insomnia) son los términos que algunos especialistas han acuñado para definir el fenómeno que afecta a personas de todo el mundo cuando experimentan insomnio relacionado con el estrés que les provoca la vida en pandemia. En Reino Unido, un estudio de agosto de 2020 de la Universidad de Southampton, mostró que la cantidad de personas que experimentan insomnio aumentó de una de cada seis a una de cada cuatro, con más problemas de sueño entre las madres, los trabajadores esenciales y los grupos de minorías étnicas.

En China, las tasas de insomnio aumentaron del 14,6% al 20% durante el confinamiento más estricto. En Italia se observó una “prevalencia alarmante” de insomnio clínico y, en Grecia, casi el 40% de los encuestados en un estudio de mayo demostraron tener insomnio.

El eterno confinamiento

A un año del inicio de los confinamientos severos, que se han vivido a nivel mundial en periodos intermitentes durante todo el 2020, las cuarentenas, necesarias para frenar la expansión del virus, siguen siendo un problema para muchas personas. “Aunque parezca que los confinamientos estrictos son algo del pasado, nosotros recibimos a diario pacientes con cuadros de ansiedad, estrés e insomnio provocados por llevar semanas o meses en casa, aislados, incluso entre los miembros de la misma familia. Es una situación muy dura de vivir, con efectos muy negativos en la salud física y, sobretodo, mental de estas personas. No digo que no sea necesaria, pero tenemos que ser conscientes de las implicaciones que eso puede tener a medio- plazo”, afirma Usieto. “En la mayoría de los casos, una vez que se han podido tratar y aliviar los síntomas de estrés, ansiedad y depresión, el insomnio persiste”, añade. Los problemas económicos, laborales, de conciliación o del cuidado de familiares enfermos, afectan principalmente a las mujeres, que no son capaces de quedarse dormidas cuando regresan a casa. Esto es lo que se conoce como insomnio de conciliación; o experimentan muchos despertares durante la noche, lo que se denomina insomnio de mantenimiento; o se despiertan antes de hora y no son capaces de volver a dormirse, de modo que padecen insomnio de despertar precoz.

Calidad de sueño

Tradicionalmente, en la evaluación del insomnio han predominado las aproximaciones cuantitativas; sin embargo, recientemente se ha hecho hincapié en la necesidad de explorar los aspectos cualitativos. Así lo demuestran los criterios diagnósticos de los principales sistemas de clasificación nosológica, como el Índice de Calidad de Sueño de Pittsburg (ICSP) y la Escala Atenas de Insomnio (EAI). Se sabe que el tiempo de sueño y su calidad se ven afectados por la edad, factores psicológicos y fisiológicos y condicionantes culturales y ambientales. Entre los condicionantes ambientales más destacados se encuentra la elección del equipo de descanso.

Y ¿qué se sabe de la relación entre el colchón y el sueño? Las investigaciones realizadas en este ámbito apuntan a que dormir en colchones cubiertos de un material firme, en comparación con aquellos que absorben la presión o memory foam puede facilitar un sueño más restaurador en la fase inicial del sueño, a través del mayor descenso de la temperatura corporal. También se ha demostrado que las características del material de la cama y la estructura del colchón, además de tener efectos en las conductas de sueño, influyen en la profundidad y la calidad de este.

“No debemos olvidar que dormir sirve para descansar, por lo que tenemos que hacerlo de la manera más cómoda posible: sobre un colchón adecuado y con una almohada adaptada a la columna cervical. En cuanto al colchón, es muy importante que dediquemos tiempo a elegir cual es el mejor que se adapta a nuestras necesidades, en esto no hay generalidades. El colchón debe ser cómodo pero aportar la rigidez y comodidad que nuestro cuerpo necesita. Es importante que lo cambiemos cada 5- 7 años, 10 como máximo, y que le hagamos todos los cambios de posición, entre 3 y 4 veces al año, para evitar deformidades”, señala Alex Pastor, enfermero especialista en Neurofisiología y trastornos del sueño (@enfermeromorfeo en Instagram)

Pese a que muchas marcas afirman que sus productos mejoran la calidad de sueño, hasta el año pasado ninguna había aportado datos que lo avalen. Y es que en junio de 2020 se publicaron los datos de un estudio científico realizado por la antes citada psicóloga, Elia Usieto, y la directora de la Unidad de Neurofisiología y Sueño del Hospital MAZ, de Zaragoza, Pilar Cuartero, en colaboración con la marca de equipos de descanso, Marmota®. El objetivo era medir cómo influye en el sueño tener un equipo de descanso de calidad frente a un colchón estándar de menos de 10 años.

La investigación se centró en valorar la calidad subjetiva, que es, en definitiva, la sensación de bienestar que el sujeto experimenta o no en relación con su calidad de sueño. “Nuestra hipótesis fue que esperamos que hubiera cambios en el post-test respecto al pre-test en el grupo de voluntarios, en el sentido de que mejoren en las variables dependientes: la calidad de sueño y el índice de insomnio”, explica Cuartero.

Un cambio de colchón a tiempo

En el estudio participaron un total de 29 personas, de las que el 52% fueron hombres y el 48% de mujeres, con una media de edad de 41 años. Del total de la muestra, 11 realizaron el estudio durante el confinamiento, mientras que 18 lo hicieron previamente. La intervención consistió en cambiar su colchón habitual (de otras marcas y de una edad inferior a 10 años) por un colchón Marmota®. Se solicitó a los sujetos que mantuvieran un estilo de vida similar al que tenían antes de dormir en el nuevo colchón, tratando de no cambiar los hábitos de sueño. Para la medición de las variables dependientes de calidad de sueño e insomnio se emplearon las escalas de medición internacionales (ICSP y EAI).

Los resultados mostraron una importante mejoría en todas las variables, la duración del sueño (tiempo que verdaderamente se duerme cada noche), disfunción diurna (que se refiere a la sensación de somnolencia y de “tener ánimo” para realizar las actividades de la vida cotidiana) y la disminución del índice de síntomas de insomnio. “Es fundamental elegir un buen colchón para garantizar la calidad del sueño. Es algo sobre lo que hay poco conocimiento, y que debería fomentarse desde pequeños, pero para ello es necesaria la involucración, no sólo de los sectores proveedores, sino también de las familias”, destaca la especialista. “Además, es muy valorable el esfuerzo de algunas marcas, como Marmota®, por poner a prueba la eficacia de sus equipos de descanso por medio de una investigación con metodología científica”, añade.