Los jóvenes no evitan la UCI

Federico Marcial, de 29 años, y Martín Parrales, de 30, narran su dura lucha contra la covid en las Unidades de Cuidados Intensivos

Sevilla.-Coronavirus.-Una joven estudiante alemana vuelve a casa tras 38 días en la UCI del Hospital Virgen Macarena
Atención a un paciente Covid en el Virgen Macarena HOSPITAL VIRGEN MACARENA 06/05/2020 HOSPITAL VIRGEN MACARENA

«Nunca olvidaré lo que viví en el hospital. Me vi cara a cara con la muerte, yo que había estado esquivando el virus durante este año y medio y que me creía inmune, invencible». Martín Parrales tiene 30 años, es deportista, enérgico y, hasta hace poco menos de un mes, era bastante escéptico tanto con la pandemia como con las vacunas.

Hasta que le tocó a él, y casi se lo lleva. No se contagió en un festival, ni en una fiesta. Tampoco yendo de bares o terrazas– «no salgo por las noches, nunca he sido de ese tipo de ocio, soy diurno»–. Está convencido de que fue en un hospital, al que acompañó a su madre el pasado 9 de junio porque le dolía una pierna. «Es la opción más probable porque teletrabajo desde hace mucho y no suelo salir de casa más que para hacer deporte al aire libre, visitar a mis padres o ir al supermercado», explica. «Ese día fui con mi madre al hospital, cogí una silla de ruedas de las que estaban en la entrada para llevarla y nos pasamos cinco horas en Urgencias esperando a que la atendieran. Una sala de 3 metros cuadrados, llena de gente, que estaba justo enfrente de la zona donde hacen las radiografías de tórax a las personas con covid», añade. Lo sabe bien porque, pocos días después, él mismo estaría allí esperando sus resultados.

Le indignó mucho la charla que le dio la médico del CAP cuando dio positivo. «Fue muy dura y me trató como un treintañero irresponsable que, prácticamente, merecía lo que me había pasado y que podía poner en peligro a mi familia. En mi caso, se equivocaba del todo, pero no pude responderle porque estaba con 39 de fiebre y no acertaba ni a hablar». La actitud de la sanitaria, aunque inapropiada, también podía ser comprensible si se tiene en cuenta la situación actual de la pandemia, con los contagios absolutamente disparados en los menores de 30 años.

Según el último informe del Instituto de Salud Carlos III, 10.343 personas con covid de entre 10 y 29 años han requerido ingreso hospitalario desde el fin del primer estado de alarma (el 22 de junio de 2020). A las unidades de cuidados intensivos (UCI) entraron 527 y en total, las víctimas mortales ascendieron a 73.

Covid menores de 40 FOTO: T. Nieto

Pero Martín tuvo suerte. Eso, y que le puso ganas, luchó con fuerza y trató de mantener la actitud de superación y constancia que el deporte le ha enseñado. Su experiencia con la covid duró casi 20 días. Los ocho primeros los pasó en su casa. «Me empecé a encontrar mal de un momento a otro. Tuve todos los síntomas en cascada y con una intensidad tremenda: náuseas, fiebre, dolor de estómago, dolor de cabeza, de garganta, debilidad, dolor muscular. Lo asocie a un golpe de calor, pero después de pasar una noche horrible estaba seguro de que no era eso».

Reconoce que, aún así, no acababa de creer que fuera covid, «hasta que pensé en las horas que había pasado en el hospital con mi madre». En el CAP le hicieron la prueba, en la que dio positivo. Le prescribieron paracetamol y estuvo tres días en casa sin que le bajara la fiebre de 38,9 en ningún momento. «No podía más así que volví al médico y pidieron una ambulancia. Tuve que esperar 45 minutos a que llegara, que me parecieron eternos porque me hicieron estar sentado en una sala de espera, con una fiebre que deliraba y el cuerpo que no me respondía. Era un espacio muy pequeño y había más gente. Me pareció otra negligencia». Le llevaron al Hospital Espíritu Santo (Barcelona) y allí le preguntaron si estaba respirando bien, pero no le hicieron prueba alguna. Le pusieron suero con paracetamol y le aislaron en una habitación. «En unas horas me mandaron a casa con la indicación de que tomara paracetamol e ibuprofeno cada cuatro horas ‚y me dicen que me vaya por mi cuenta». A la semana, el domingo 20 de junio, llamó directamente al 061 y le mandaron en ambulancia al Hospital Vall d’ Hebron. Le diagnosticaron neumonía bilateral y le ingresaron directamente en la plata de semicríticos. «En ese momento me derrumbé anímicamente. Físicamente estaba destrozado, pero mantenía algo de ánimo, hasta ese momento en el que me di cuenta de que podía morir». Reconoce que fue «la peor experiencia» de su vida. «Me ponían 60 litros de oxígeno al día, cuando lo normal son 21. El momento más crítico fue cuando me enteré de que los médicos le decían a mi familia que me estaban preparando la UCI. Eso fue un shock». Pasó diez días librando una batalla con el virus, en la que hubo momentos en el que no se veía vencedor. Poco a poco, y gracias a la medicación y al trato dispensado en el hospital, fue mejorando. Hoy ha recuperado sus ganas de vivir y sus planes de futuro. En un mes viajará a Ucrania para conocer a los padres de su prometida.

Solo unos pocos días más tarde de que Martín abandonara el hospital, Federico Marcial, de 29 años, entraba en la UCI. Un lugar que nunca va a olvidar. «He vivido allí los peores días de mi vida, pero también cosas muy lindas. No tengo palabras para agradecer la calidad profesional y personal de los sanitarios que me atendieron en Vall d’Hebrón. Tienen muchísima experiencia, y se nota. Lloré como nunca había llorado, pero ellos me hicieron volver a reír y sentir el apoyo y el calor humano en unos momentos en los que la soledad te mata de angustia», relata. Fueron diez días de no sentir que su cuerpo le pertenecía, de delirar, de verse «rodeado de tubos» y darse cuenta de lo cerca que estaba de la muerte. Reconoce que la peor parte era verse impedido para todo. «Me tenían que venir a bañar, me hacía mis necesidades allí, no podía hacer nada por mí mismo», explica. «Me hundí completamente. Llegué a pensar que ese era el final» –asegura–. «Mis amigos me dejaban mensajes y me decían: Fede, vos no sos así, medita, piensa en positivo, ¡puedes vencerlo! Así que me enfoqué en eso mentalmente y quiero pensar me ayudó a salir». A los dos días de recibir el alta le dio apendicitis, y le han tenido que volver a intervenir. Los médicos creen que fue por efecto de la inflamación causada por el virus, y de la medicación. Ahora trata de recuperarse en su casa, junto a su pareja, con seis kilos menos y sin poder dar dos pasos sin sentir «un agotamiento infinito».