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Ada Rahn: "El éxito de cualquier empresario o emprendedor es crear equipo"

La situación política en Venezuela le hizo salir de su país; ahora intenta ayudar al emprendimiento femenino a través del coaching y de su proyecto «Mujeres infinitas».

  • Foto: Connie G. Santos
    Foto: Connie G. Santos

Tiempo de lectura 4 min.

27 de mayo de 2019. 23:50h

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Domingo García Madrid. 27/5/2019

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Cuando Ada Rahn descubrió el coaching decidió que debía «gritarle al mundo» sus beneficios. Y eso es lo que hace con su proyecto «Mujeres infinitas», que ha pasado de organizar charlas para un público reducido en la confitería Loliam, donde recibe a LA RAZÓN, muy cerca de la Puerta de Alcalá, a organizar un gran evento mañana en el Hotel Santo Domingo. La vida la llevó de Venezuela a España pasando por Panamá y por el camino descubrió que una de las claves de la supervivencia es no ocuparse demasiado de las cosas que no dependen de una.

–¿Qué es «Mujeres infinitas»?

–Es una historia que comenzó hace unos doce años, pero no se llamaba así. Fue en el momento en que me mudo a España cuando decidimos darle el nombre de «Mujeres infinitas». ¿Por qué infinitas? Una de las cosas que repetía es que quería que el mensaje siguiera llegando hasta el infinito y más allá. Luego cuando tomo la decisión de dedicarme a las mujeres, dije «Mujeres infinitas». Lo primero que miras como emprendedor es si las redes están libres y, sorpresa, lo estaban. En un principio se iba a llamar «Mujeres con propósito», pero estaba ocupado. Como sabemos que nada es casualidad y que todo tiene una causa tomamos este nombre.

–¿Por qué surge esta idea?

–Empieza en Venezuela cuando, como parte de mi crecimiento y desarrollo personal, me certifiqué como coach. Mi primera profesión es comunicadora social, trabajé durante muchísimo tiempo en el área de márketing, organización de eventos, relaciones públicas. En el proceso de la reinvención, en el momento en que decido con mi familia emigrar porque la situación en mi país no nos permitía seguir sintiéndonos cómodos y seguros allá, una de las cosas que pensé fue: «Son cambios fuertes que voy a hacer, que requieren un fortalecimiento personal bastante grande», y es cuando conozco al coaching. Fue algo que me atrapó, me enamoró. Los resultados que experimenté como persona fueron maravillosos y dije: «Yo quiero gritarle esto al mundo». Y ahí es cuando decido certificarme como coach. El coaching para mí es una manera de ayudar, de compartir.

–¿Todos necesitamos un empujón para saber de lo que somos capaces?

–A veces no nos damos cuenta pero el principal enemigo somos nosotros mismos, que es lo que llamamos a nivel espiritual el enemigo interno. Lo que pasa es que solemos traducirlo en miedo, en dudas, en el síndrome del impostor... pero está dentro de nosotros. ¿Por qué no hacerlo? Porque me da un poquito de miedo, porque implica salir de esa zona de confort. Y todos necesitamos ese empujón.

–¿De esto se ocupa usted sola o tiene un equipo?

–Un equipo. El primer integrante de él fue mi marido. Fue el que me impulsó. Luego el equipo ha ido creciendo. Están mi marido, mis hijas, mis hermanas, varias empresas y luego tenemos los aliados, la agencia de comunicación, el equipo de márketing, el fotógrafo... Es la única manera de crecer, primero como emprendedor y ahora ya deseo ir al siguiente nivel, a empresaria, que «Mujeres infinitas» se termine de transformar en una empresa. Y llega un momento en que no lo puedes hacer sola. El éxito de cualquier emprendedor y de cualquier empresario es crear equipo. Si tú creces, los demás crecen.

–¿Qué importancia tienen las redes sociales?

–Las redes sociales son la manera que tienen muchísimos emprendedores hoy en día para darse a conocer. En un principio fueron una vía muy fácil y económica para ellos. Eso es uno de los módulos que trabajo con las emprendedoras, el límite no es el dinero, el límite está en la mente.

–¿Cómo vive desde aquí una venezolana la situación de su país?

–De una forma absolutamente apremiante. Es parte de nuestro proceso de crecimiento, como cultura, como nación, como país. Mis raíces son alemanas. Años atrás a mis bisabuelos les tocó emigrar cuando la situación en ese país y en esta parte del mundo eran apremiantes. Las naciones han ido creciendo y desarrollándose y ahora siento que está sucediendo igual en Venezuela. Hay mucha gente que me dice «pero decidiste irte». Sí, tuve el poder de elegir y tenía que velar por el bienestar de mis hijos. Estuve en Panamá casi dos años sin ver a mi familia y a una de mis hermanas casi cinco años. Me duele lo que está sucediendo en Venezuela.

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