Aquí no hay quien duerma

El sueño es uno de los escasos enigmas que nos quedan. Aún sabemos bien poco, apenas que nos resulta imprescindible para sobrevivir, y que cada uno duerme a su manera

El sueño es uno de los escasos enigmas que nos quedan. Aún sabemos bien poco, apenas que nos resulta imprescindible para sobrevivir, y que cada uno duerme a su manera.

Cuentan que el ex primer ministro británico John Major lo tuvo muy difícil para suceder a Margaret Thatcher en el número 10 de Downing Street. No solo por el carisma innegable y la fuerte personalidad de la Dama de Hierro, sino también porque tenía una cualidad que la hacía parecer aún más inquebrantable: apenas dormía. Con cuatro horas de sueño estaba en plena forma, y había acostumbrado a su equipo y al personal de la residencia oficial a un ritmo tal, que cuando llegó Major, a todos les pareció poca cosa. Y todo porque necesitaba dormir ocho horas, como el común de los mortales.

La capacidad del ser humano de resistir sin apenas descanso ha sido identificada tradicionalmente con liderazgo y superioridad. Preguntado por el número de horas que le hacían falta, Napoleón Bonaparte contestó que «los hombres necesitan dormir seis, las mujeres siete y los tontos ocho». Pero más allá de esta «boutade», lo cierto es que no existen reglas y hay tantos modelos de sueño (o de insomnio) como durmientes. El científico Albert Einstein, por ejemplo, reconocía que su media estaba en diez horas por noche más algunas siestas, mientras que al político español Manuel Fraga Iribarne le bastaban unas pocas horas y no perdonaba la siesta diaria de veinte minutos. A las cuatro en punto de la tarde, estuviera donde estuviera.

Aunque existen diversas teorías al respecto, la mayoría de los expertos coincide en que el «superpoder» del sueño breve se debe a una mutación genética. Del 1% al 5% de la población mundial forma parte de una élite que solo cierra los ojos entre dos y cuatro horas cada noche. Y lo mejor de todo es que se despiertan como si hubieran dormido el doble, sin somnolencia y en pleno uso de sus facultades. Su manera de descansar es extremadamente eficiente y lo hacen en la mitad del tiempo. Y como es su forma habitual de pasar la noche, no se tiran de los pelos, ni bailan claqué para invocar el sueño como hacía Robert Redford en «Peligrosamente juntos», ni van por la vida con cara de desquiciados como Al Pacino en «Insomnio». Esto quiere decir que sacan al año entre 30 y 60 días de tiempo extra para lo que consideren oportuno, destacar en el trabajo, estudiar otra carrera o estar al día del exigente universo de las series.