Arthur descubre quién es su donante de esperma

Este joven francés se ha saltado la ley de anonimato para dar con su padre biológico.

Arthur ha relanzado el debate sobre el anonimato de donante
Arthur ha relanzado el debate sobre el anonimato de donante

Este joven francés se ha saltado la ley de anonimato para dar con su padre biológico.

En Francia, la donación de esperma es anónima y prohíbe que los niños nacidos por inseminación artificial puedan encontrar a su progenitor, pero Arthur Kermalvezen no ha podido resistir la tentación y ha roto todos los códigos hasta dar con su padre biológico. Gracias a un poco de empeño y mucha suerte.

El pasado mes de septiembre, Arthur, que tiene hoy 34 años, decidió efectuar un test ADN a través de 23andMe, una sociedad americana de genética. Todo fue tan simple como encargar un test de saliva por 99 dólares en internet y enviar la muestra. «Fueron 30 segundos para hacer el encargo, dos días para recibirlo y tres semanas para conocer los resultados», ha contado a «Europe1».

La compañía había comparado su ADN con el del resto de personas que utilizan este test y le comunicó que su genoma correspondía en un 6,28% con un joven franco-británico que debía ser un primo hermano. El chico en cuestión se llama Larry. Arthur lo localizó a través de las redes sociales. Larry le dijo que su familia procedía de una región de Francia donde no sería difícil encontrar a su progenitor. La siguiente gestión fue localizar el árbol genealógico de la familia de Larry a través de una página web especializada. De nuevo la suerte estuvo de su lado porque los miembros de la familia estaban contados y sólo una persona, de una cierta edad, podía ser el donante que tanto buscaba. De nuevo internet le sirvió para encontrar una dirección.

«Escribí una carta a ese hombre contándole mi historia», relata Arthur a «Le Figaro», «pero preferí hacerlo a través de unos vecinos porque no sabía si su familia estaba al corriente». La sorpresa llegó el día de Navidad en forma de llamada telefónica. Al otro lado del teléfono, se encontraba su padre biológico que lo primero que le dijo fue: «¡Bravo por haberme encontrado!».

Arthur afirma que desde que era pequeño vivía con la idea de que si sus padres no le decían quién era su progenitor era porque no le consideraban suficientemente maduro como para que lo supiera. « Por eso esperé pacientemente hasta ser mayor de edad, y el día de mi cumpleaños les dije que lo que quería era saber por fin de quien se trataba». Lo que no se esperaba es que sus padres no tuvieran ni idea de quién se trataba. Todas esas vivencias le llevaron a escribir «Nacido de un espermatozoide desconocido...», publicado en 2008.

Su padre biológico quiere saber cómo ha logrado localizarle y han quedado para verse en febrero.

«Todo esto contradice», asegura Kermalvezen, «la idea de que los donantes no quieren conocernos. Lo más importante para él era saber que mi familia estaba al corriente de mis investigaciones». La primera conversación telefónica le ha permitido saber que donó el esperma diez años antes de que él naciese, que tiene orígenes judío-polacos, y que es padre de dos niños. «Desgraciadamente, añade, también me ha dicho que era portador de una anomalía genética grave, y tendré que hacerme análisis para saber si lo he heredado».

El joven le dijo que no buscaba un padre ni una herencia. En realidad lo que busca es relanzar el debate sobre el anonimato del donante de esperma en Francia, donde 70.000 niños han sido concebidos de esta manera. Considera que esta técnica podría «humanizarse» permitiendo a los niños tener acceso a sus orígenes cuando llegan a la mayoría de edad o con el consentimiento de sus padres si son menores.

Lo hace de cara a la próxima revisión de la ley de bioética. Para ello cuenta con el apoyo de su mujer, también concebida por inseminación artificial y que ha descubierto entre tanto que su hermano, otra persona y el hermano de ésta, los cuatro proceden del mismo donante, con los riesgos de consanguinidad que ello conlleva.

En España se impone el anonimato

Ya lo avanzaba hace un par de años un estudio en «Human Reproduction» que los avances en las pruebas genéticas y su accesibilidad podían poner en peligro el anonimato de los donantes de óvulos y de esperma. Y el caso de Arthur Kermalvezen así lo refleja. Mientras en Alemania, los hijos de donantes tienen derecho a conocer a sus padres biológicos, en nuestro país la donación es completamente anónima. Es más, la norma española exige a las clínicas custodiar estos datos para que los descendientes nuncan tengan conocimiento de quiénes son sus padres genéticos. Cada año, nacen en nuestro país unos 10.000 niños fruto de donaciones tanto de espermatozoides como de óvulos.