ADN contra los cazadores furtivos

Una base de datos genéticos de rinocerontes permitirá combatir la caza ilegal

Trabajadores de la reserva natural de Klerksdorp, en Sudáfrica, atienden a un rinoceronte al que se le ha suministrado un tranquilizante
Trabajadores de la reserva natural de Klerksdorp, en Sudáfrica, atienden a un rinoceronte al que se le ha suministrado un tranquilizante

Una base de datos genéticos de rinocerontes que se está utilizando para conocer el origen de los cuernos de ese animal protegido que son incautados en todo el mundo ya ha tenido importantes resultados en la lucha contra los cazadores furtivos.

El uso del banco genético RhODIS para ayudar a perseguir y capturar a los que proveen de los preciados cuernos de rinoceronte a los traficantes, ha sido calificado como «un éxito» por uno de sus creadores Stephen O’Brien, científico de la Universidad Nova Southeastern (Florida, EE.UU).

O’Brien explicó a Efe cómo funciona el Sistema de índice de ADN Rhino (RhODIS), una réplica de ODIS, la base de datos genéticos que el FBI estadounidense usa para resolver crímenes y dar con sus autores, creada en 2011.

La revista Current Biology le dedicó este mes un artículo a este proyecto científico centrado en garantizar la supervivencia de los rinocerontes.

Mientras que ODIS permite comparar sospechosos con muestras de sangre, cabello o saliva halladas por los investigadores, RhODIS es igual de eficaz en identificar a qué «escena del crimen» corresponden los materiales decomisados.

Las muestras de cuerno, pelo o sangre de los materiales incautados en aeropuertos o vehículos se relacionan con la base de datos de RhODIS, compuesta por 20.000 especímenes y genotipos de rinocerontes.

«Un gramo de cuerno de rinoceronte es más valioso que un gramo de diamantes, oro o cocaína», señala O’Brien sobre un material que se utiliza en países como Vietnam o China como trofeo o en soluciones medicinales.

Por ese motivo, cazadores furtivos codician los cuernos de rinoceronte y, para obtenerlos, matan al animal o le provocan heridas que le abocan a la muerte.

En noviembre de 2016 tres cuernos fueron incautados en China y gracias a RhODIS se logró determinar que pertenecían a tres rinocerontes blancos que fueron encontrados muertos en el parque Hluhluwe-Imfolozi de Sudáfrica, la reserva natural más antigua de África.

En ese caso, los culpables fueron juzgados y condenados a seis años de prisión y una cuantiosa multa.

Este es solo un ejemplo de los 5.800 casos en los que se ha utilizado este procedimiento desde 2011, cuando se ideó el proyecto, con resultados exitosos en un 30 %.

Estos resultados son los que permiten aportar evidencias «fuertes y robustas» para que la persecución de las organizaciones criminales culmine en una condena, explicó O’Brien.

«Las evidencias que nos facilita la conexión de ADN están permitiendo a jueces de Sudáfrica imponer penas muy distintas a las que había hace diez años», cuando eran «triviales», dijo el científico de la Universidad Nova Southeastern.

Cuando las pruebas de ADN «ni siquiera se podían imaginar», la mayoría de cazadores eran detenidos «un par de días», o bien se les ponía una pequeña multa, a diferencia de las condenas a las que se pueden enfrentar ahora, que pueden llegar a los 30 años de cárcel, en el caso de que la identificación de ADN sea positiva.

Junto con O’Brien, un grupo de investigadores de todo el mundo han desarrollado esta base de datos y toda la logística necesaria para trazar esta red colaborativa, encabezados por la científica Cindy Harper, de la Universidad de Pretoria, en Sudáfrica.

Desde el país africano, se organiza a todos los guardaparques de países como Botsuana, Namibia o Kenia para que, cada vez que un criminal es atrapado, se envíe el material confiscado al laboratorio veterinario.

La parte del análisis genético de las subespecies de rinocerontes la hace O’Brien, que lleva más de tres décadas dedicado a la investigación en ese campo.

Fue su grupo de investigación el que a mediados de los años noventa logró la recuperación de la pantera de Florida, tras demostrar que estaba genéticamente empobrecida.

Y «aunque en Florida no haya muchos rinocerontes», su bagaje sobre la identificación genética le bastó para contribuir con esta herramienta de ADN a que los rinocerontes combatieran su destino, que, en vistas del aumento de crímenes furtivos, era desaparecer.

«Es muy triste que haya tantos casos de caza furtiva, es un crimen que está subiendo peligrosamente», alertó el científico sobre un delito que se repite unas 1.000 veces al año.

Aunque este banco del ADN lleva recibiendo nuevos datos desde hace siete años, el objetivo de los científicos es tener muestras genéticas de todos y cada uno de los rinocerontes que aún habitan el planeta. EFE